Santos-protomártires

 

Todos conocemos las persecuciones que han sufrido los cristianos a lo largo de la historia, hasta el día de hoy. Durante los tres primeros siglos los cristianos soportaron persecuciones en el Imperio romano porque se negaban a rendir culto al emperador y a los dioses del amplio panteón pagano.

La historia universal recuerda diez persecuciones sangrientas, que se conocen con el nombre de los emperadores que las ordenaron. No todas tuvieron igual intensidad ni grado de crueldad. Por orden cronológico, las persecuciones más importantes fueron: las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximino, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano.

La primera persecución fue decretada por Nerón en el año 64 y se extendió hasta el año 68. Después
del incendio de Roma, por orden del emperador, a quien el pueblo atribuyó el incendio de la ciudad, los
cristianos fueron condenados a morir por incendiarios sin tener pruebas de la acusación que se les hacía.
Se consideraba que el cristianismo era una secta ilícita, inmoral y execrable; se atribuía a los cristianos
todos los males existentes en aquella sociedad corrupta.

Con la falsa acusación de haber provocado el incendio de Roma, los cristianos fueron perseguidos, encarcelados, torturados, escarnecidos, crucifcados; sufrieron diversas formas de martirio por creer en Jesucristo, por no adorar estatuas del emperador ni de los ídolos.

A los cristianos que padecieron el martirio en esa primera persecución de Nerón se les recuerda el día 30 de junio, en una memoria común que se denomina
Santos protomártires de la Iglesia romana. Se celebra esta conmemoración al día siguiente de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, quienes también fueron martirizados durante la persecución de Nerón, cuya festa conjunta se celebra el 29 de junio.

El sentido litúrgico de esta memoria de mártires anónimos, celebrada en forma colectiva, es reconocer la valentía de estos numerosos testigos de la fe cristiana que derramaron su sangre con fortaleza y generosidad para defender sus convicciones. Su sangre fue semilla de nuevos cristianos, y para nosotros son un estímulo. En nuestras luchas cotidianas podemos seguir su espíritu de fidelidad y de alegría hasta obtener la victoria en Cristo resucitado.

En la actualidad, las persecuciones continúan. Los cristianos somos calumniados con frecuencia, ante lo cual hemos de estar vigilantes para no decaer en el combate de la fe.

Nuestra lucha será pacífca porque contamos con el Espíritu Santo, que es nuestro defensor. Nuestro combate utilizará las armas del amor para devolver el bien a quienes nos persigan o calumnien. Ante la persecución cruenta o incruenta, los cristianos miramos a nuestros modelos: Jesús, el testigo fiel, que vivió haciendo el bien y murió en la cruz perdonando a sus verdugos; Esteban, el primer mártir, que oraba por sus asesinos mientras era lapidado; Santiago, hermano de Juan, a quien Herodes mandó matar en Jerusalén; Pedro y Pablo, que derramaron su sangre en Roma; y los mártires de la Iglesia romana perseguidos por Nerón.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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