Testigos-de-lo-eterno

 

Creo que este título puede parecer algo raro para hablar de la escasez de vocaciones. Sin embargo, me hace bien pensar en cómo los consagrados podemos llamarnos, desde nuestra respuesta a Dios: testigos de lo eterno. Sabemos que estamos hechos para la vida eterna y nuestro Sí al Dios que nos llamó es justamente desde ese intentar pasar por este mundo como Jesús, haciendo el bien a todos.

La vocación a la vida consagrada es un regalo, una llamada, un diálogo de corazón a corazón con Jesús. Es, por tanto, un acontecimiento interior que va precedido por muchos encuentros de amor, diálogos intensos, momentos de rebeldía, dudas… Se dan luchas internas donde el alma y el Maestro llegan a promesas de fidelidad. Ante las dudas se escucha a Jesús diciendo: “Yo estaré contigo hasta el final”. Y el amado es capaz de prometer: “En tu nombre yo echaré las redes, mis redes, mis años jóvenes, mis sueños, mi vida. Porque tú has encantado mi corazón, tú has colmado mis expectativas. A ti te entrego TODO y por ti lo dejo TODO.”

Estas pudieran ser algunas de las causas de la escasez de vocaciones:

- Circunstancias psicosociales.Las familias rotas, el relativismo, la falta de compromiso, el miedo a la fidelidad, a la rutina normal que trae consigo la vida.

- Disminución de la natalidad y matrimonios rotos. Los padres no se plantean tener más de dos hijos porque no saben cómo podrán mantenerlos; el aborto despenalizado o como medio de anticoncepción. Todo esto hace que haya menos niños, más familias disminuidas, menos jóvenes.

- Diversificación de alternativas.En estos tiempos la vocación a la vida consagrada no se ve claramente como posibilidad de realización personal. La propuesta de Dios la dejamos a un lado, y a Él recurrimos solo cuando lo necesitamos.

- Falta de la audacia de vivir por algo que valga la pena.Es importante descubrir la primacía de Dios en nuestra vida de creyentes. Su llamada es irrevocable; se tiene la certeza de la presencia de su gracia en nuestro camino. Responder a la propuesta de Dios es optar por ese Alguien que puede llenarnos.

Creo que la crisis vocacional está más bien en una crisis de respuestas. Dios sigue llamando, sigue necesitando que seamos sus manos, sus pies, su voz; sigue queriendo que su reino llegue a todos. El reino aquí y ahora, reino de justicia, de solidaridad, de compasión, de ternura. “Heme aquí…Yo soy tu sierva”, como le dijo la Virgen a Dios y como cantaron nuestros jóvenes en Panamá en la JMJ 2019.

Las vocaciones pertenecen a toda la Iglesia y, por tanto, todos sus miembros tenemos la responsabilidad de cuidar de ellas. Seamos madres y padres, acompañemos con altura, talante espiritual, respeto y mucha humanidad. El camino no se hace de un tirón, no es rectilíneo, tiene curvas y se hace más fácil si encontramos hermanos y amigos que nos den la mano y nos ayuden a avanzar hacia Dios… Todos lo necesitamos.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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