Adoración-misionera

El principal desafío de la Iglesia es mostrar al mundo el AMOR de Dios; develar ese amor que se manifiesta en la pequeñez, en la bondad, con gestos de ternura; ser capaz de manifestar a un Dios que en su infinito amor se hizo hombre y ha venido a caminar con nosotros. “La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el misterio del amor divino en plenitud. «Dios es amor»” (Misericordiae Vultus 8).

Hay un texto de las Sagradas Escrituras que ilumina de manera especial el itinerario de la Iglesia en Cuba para estos años: Emaús (Lc 24, 1-50). Dos discípulos desesperanzados y tristes dejan Jerusalén tras la muerte de Jesús. Jesús les sale al encuentro, camina con ellos, los escucha y les habla. Tras esa experiencia “regresan a la comunidad donde el futuro emerge pequeño y alegre en Jerusalén” (Plan Pastoral 2014-2020, No. 62).

A la luz de este pasaje se iluminan algunos de los desafíos que vive la Iglesia en Cuba hoy. Emaús es la imagen de todo proceso de conversión. Conversión personal que no es solo pasar del pecado a la gracia, sino que además es contemplar la realidad con mirada de fe para ver el obrar de Dios en medio de ella. Conversión pastoral  que, en fidelidad al Espíritu Santo, debe conducirnos a una renovación eclesial que nos impulse a revisar todas nuestras estructuras pastorales para que reflejen mejor los valores del Evangelio. “La conversión se une necesariamente al discernimiento, a la luz del Espíritu y delos signos de los tiempos para crecer personal y comunitariamente, en fidelidad a las exigencias del Reino” (Plan Global 2006-2010).

Necesitamos un nuevo ardor de discípulos y misioneros donde Jesús encuentre corazones disponibles para sembrar su Palabra. La comunidad cristiana es un ámbito privilegiado para la experiencia de fe. “Una vez que estuvo con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron” (Lc 24,43). Hemos de seguir promoviendo la experiencia de las primeras comunidades cristianas en donde se vivía la acogida, el perdón, la fraternidad, la unidad, la alegría, la solidaridad, el orar juntos y el partir el pan.

Otro desafío es nuestro testimonio, pues este dará credibilidad a la misión de la Iglesia. El testimonio que ofrecemos como discípulos misioneros se convierte en anuncio junto a la Palabra. Es-tamos cansados de discursos; sin embargo, las personas creen en los testigos, en aquellos que se comprometen por las causas nobles e irradian la misericordia y la alegría que han recibido de Dios.

Ojalá asumamos el desafío de la conversión y permitamos que nos ocurra como a los de Emaús, quienes, tras el reencuentro con Jesús, regresaron a Jerusalén en donde todo aparentemente seguía igual; sin embargo, ellos ya no eran los mismos, porque habían vivido la experiencia del encuentro con el Resucitado.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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