La-conversión-de-Gustavo


Gustavo nació en la década de los sesenta en Cuba en una familia que, aunque había tenido una formación religiosa, no practicaba la fe. Las cosas de la Iglesia eran mal vistas por el nuevo estado socialista. Las únicas expresiones religiosas que conoció fueron las de sus abuelas al exclamar “¡alabao!” y “¡ay, Dios!”. Cuando Gustavo pasaba con sus familiares frente a un templo parroquial y preguntaba por curiosidad qué era aquel edifcio, le decían que era la iglesia, pero que allí no se podía ir porque iban los “gusanos”. En la última habitación de su casa había una imagen del Sagrado Corazón que le llamaba la atención, pues era una especie de objeto anacrónico allí, y cuando preguntaba “¿quién era ese señor?”, le respondían: “dicen que es Dios… pero Dios no existe porque Yuri Gagarin fue al cielo y no lo vio allí”.

Al comenzar la escuela percibió una vorágine ideológica que se expresaba en letras, frases y consignas: UPC, UJC, FMC, FEEM, FEU, méritos y deméritos, combatividad, revolucionario, emulación socialista, etc., y una que le tocó vivir en carne propia, el internacionalismo proletario.

Con tan solo 18 años fue llamado a cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Sus sueños de estudiar en la universidad se vieron interrumpidos, al estar inmerso en un conflicto bélico en el Sur de África sin relación con sus deseos y aspiraciones. La guerra, que trae consigo los peligros y la muerte, era una realidad. En varios momentos su unidad militar fue bombardeada; en alguna ocasión estuvo durante días caminando por bosques y llanuras africanas con una alimentación precaria, persiguiendo a los enemigos de aquel país. También alguna mina explotó en uno de los vehículos que precedía al suyo durante los desplazamientos que tenían que hacer.

Sucedió que, ante tanto horror, Gustavo sintió miedo, y no solamente vio la muerte cerca, sino que también pensó qué pasaría cuando una persona moría: ¿hacia dónde iba? Las largas horas haciendo guardia nocturna en un lugar remoto en medio de la nada, lo invitaban a mirar el cielo estrellado y quedaba maravillado con lo que veía. Ante esto se preguntaba: ¿cómo surgió?, ¿quién lo hizo?, ¿para qué lo hizo?

Gustavo concluyó su misión internacionalista “satisfactoriamente”, incluso obtuvo algunas condecoraciones, que contenían recuerdos, pero no signifcados. Al regresar a Cuba comenzó a estudiar en la universidad, y si bien a veces pensaba en Dios, no lo tomaba muy en serio. Sucedió que, ante un examen difícil que tenía que hacer, desesperado, entró en un templo y le pidió a la Virgen de la Caridad aprobar, cosa que le concedió. A partir de este momento, empezó a frecuentar la iglesia y comenzó un proceso de conversión a Jesucristo. A partir de ahí, pidió bautizarse, hizo su primera comunión y se confrmó. Su escala de valores cambió, y aquello que durante su vida le habían inculcado en la escuela, en el servicio militar y en la universidad (consignas, discursos, etc.) quedó atrás, transformándose en un hombre libre, con la libertad de los hijos de Dios.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 16 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Mt 15,21-28

“...Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”.

Lunes:  Ez24,15-24 / Interlec. Dt 32 / Mt 19,16-22

“...vende lo que tienes...”.

Martes:  Ez 28,1-10 / Interlec. Dt 32 / Mt 19,23-30

“...recibirá cien veces más...”.

Miércoles:  Ez 34,1-11 / Sal 23 (22) / Mt 20,1-16

“...los últimos serán los primeros...”.

Jueves:  Ez 36,23-28 / Sal 51 (50) / Mt 22,1-14

“...muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Viernes:   Ez 37,1-14 / Sal 107 (106) / Mt 22,34-40

““...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...”.

Sábado: Santa María Reina, Virgen
Is 9,1-3.5-6 / Sal 113 (112) / Lc 1,26-38

“Aquí tienes a la sierva del Señor”.

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