Por-P.-René-David

A principios de los 70, en vísperas de la proclamación de la Constitución Socialista, arribó a La Habana un delgado misionero francés que impulsaría una mentalidad renovadora en el pensamiento teológico de la Iglesia católica en Cuba.

Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo e incluso de asistir a algunas de sus clases en el seminario San Carlos y San Ambrosio, no podemos olvidar su lucidez, que nos recordaría algunos rasgos del presbítero Félix Varela. Nos motivó su esfuerzo por formar un nuevo clero cubano para una Iglesia que enfrentaba el gran reto de convivir con un régimen político declarado socialista.

El padre René David Rosset -para muchos, un santo- fue un estudioso, sin prejuicios, de la cultura cubana y de su religiosidad. Invitaría a incorporarse a dar clases en el seminario al pequeño grupo de investigación sobre religión de la Universidad de La Habana, lo que no pudo concretarse por decisión de las autoridades universitarias, que alegaron la separación entre Iglesia y Estado.

A partir de sus intercambios con seminaristas y diversos sectores del laicado, escribiría
Para una  Teología y Pastoral de la Reconciliación en Cuba (1981), desconocido en la actualidad para muchos y que lamentablemente no se ha vuelto a reproducir.

El P. David, impactado por el cambio revolucionario, planteaba la necesidad de un reencuentro entre los distintos sectores enfrentados de la nación. Su tesis se centraba en una espiritualidad e imprescindible comunión con Dios y con todos los hombres y mujeres, religiosos o no. En la práctica, se traduciría en un servicio fundado en el amor de Dios por la creación, que debería generar la reconciliación de la familia humana y la superación de las contradicciones originadas por el desamor y el pecado.

Este histórico documento circuló poco entre los católicos y no faltaron los que lo recibieron con reservas dentro y fuera de la Iglesia; algunos por la influencia política del anticomunismo y otros por una ortodoxia ateizante bajo la influencia de un marxismo de inspiración soviética.

El análisis y la discusión de su reflexión teológica, llevaría a muchos católicos a buscar nuevas formas pastorales en medio del complejo proceso político cubano; en especial, luego de la promulgación de un estado ateo por parte de un gobierno socialista.

El aporte del P. David animó a seminaristas, presbíteros jóvenes, religiosos de diversas órdenes, así como a un grupo de religiosas como las Hijas de la Caridad, a reunir inquietudes, elevar proposiciones al episcopado cubano y reclamar la elaboración de una pastoral más adecuada al momento histórico que vivía Cuba. Esto llevaría a la celebración del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), uno de los acontecimientos más relevantes de la Iglesia católica en la Cuba del siglo XX.

Cómo te extrañamos, P. David, por tu lucidez y reflexiones que rompían los esquemas tradicionales e impulsaban nuevos aires sobre el pensamiento teológico en nuestra Isla.

Ora con la Palabra

 

Domingo 7 de junio: Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

Jn 3,16-18

“Le dio al Hijo Único, para que quien cree en Él no se pierda...”

Lunes:  1 R 17,1-6 / Sal 121 (120) / Mt 5,1-12

“Felices los de corazón limpio...”.

Martes:  1 R 17,7-16 / Sal 4 / Mt 5,13-16

“Ustedes son la luz del mundo...”.

Miércoles:  1 R 18,20-39 / Sal 16 (15) / Mt 5,17-19

“...será grande en el Reino de los Cielos...”.

Jueves:  Hch 11,21b-26;13,1-3 / Sal 98 (97) / Mt 10,7-13

“iEl Reino de los Cielos está ahora cerca!”.

Viernes:  1 R 19,9a.11-16 / Sal 27 (26) / Mt 5,27-32

“...No cometerás adulterio”.

Sábado:  1 R 19,19-21 / Sal 16 (15) / Mt 5,33-37

“Digan sí cuando es sí, y no cuando es no...”

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