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En Cuba hay 800 consagrados en 233 comunidades religiosas que pertenecen a 110 congregaciones. En la diócesis de La Habana son 94 las comunidades; en Santa Clara, 23; en Matanzas, Camagüey, Holguín y Santiago, algo menos de 20; en Bayamo-Manzanillo, 13; en Cienfuegos, 12 y en Guantánamo, Ciego de Ávila y Pinar del Río, 9. Hay una presencia muy signifcativa de las comunidades religiosas en el ámbito rural, sobre todo en Matanzas, Santa Clara y Pinar del Río, con más de la mitad de sus comunidades en pueblos grandes. En La Habana, la presencia en zonas rurales es menor.

En la actualidad, hay un número aproximado de 350 sacerdotes con una distribución desigual entre las diócesis. La Habana tiene 116; Santa Clara, 42; Holguín, 33; Camagüey, 30; Santiago, 26; Pinar del Río, 24; Matanzas, 20; Cienfuegos, 17; Bayamo-Manzanillo, 16; Ciego de Ávila, 14 y Guantánamo, 13. Los consagrados y los sacerdotes diocesanos experimentan con frecuencia las mismas carencias que el resto de la población: difcultades económicas y de transporte, ansiedad de la vida cotidiana, falta de comunicación por teléfono e internet, desánimo, carga de los problemas de las personas con las que se trabaja, etc.

Las comunidades de la Vida Consagrada son pequeñas. Muchas tienen entre tres y cuatro miembros en provincias; mientras que en La Habana las hay que superan los 10. Las de dos miembros son mayoritariamente femeninas. Los sacerdotes diocesanos con asiduidad viven solos o con algún familiar y en algunos casos forman equipos de varios sacerdotes.

Entre las congregaciones religiosas, sacerdotes diocesanos y laicos generalmente reina un ambiente de fraternidad. Por su parte, las mujeres consagradas encuentran a veces difcultades por diferencias en los planteamientos pastorales o por falta de reconocimiento. Es necesario seguir avanzando en la dialéctica entre diocesanos y consagrados, entre los de aquí y los de fuera.

Hasta hace poco los consagrados trabajaban de manera exclusiva en pastoral parroquial, pero siempre con el anhelo de desarrollar sus carismas propios. Se
están produciendo cambios en los gobiernos provinciales de las congregaciones. Anteriormente se coordinaba todo desde Europa, España o Canadá; ahora, las decisiones se toman en México, Colombia o República Dominicana.

Parece positiva la nueva organización del Seminario Diocesano en tres sedes, Camagüey, Santiago y La Habana, para que los seminaristas tengan un conocimiento global de la Iglesia cubana.Asimismo, es provechosa la colaboración de los institutos María Reina y San Juan de Letrán en la formación de los consagrados. Son buenos ejemplos de discernimiento: ante problemas nuevos, decisiones que superan el instinto de supervivencia.

En este panorama que presentamos hay mucha riqueza, entrega y generosidad. También existen algunos desequilibrios territoriales y retos complejos, porque ante la disminución de efectivos eclesiales, eventualmente hay que decidir cambios de comunidad, misiones que abandonar o nuevas diócesis en las que insertarse. Son muchas las circunstancias personales, comunitarias o afectivas que concurren en estas decisiones; hace falta sabiduría, libertad de espíritu y buenas dosis de comunicación para acertar.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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