palomaPazWebEn un artículo para La Nación de Buenos Aires, en 1890, escribió Martí: la paz es el deseo secreto de los corazones y el estado natural del hombre. Sí, la paz es un valor primordial y un deber universal; halla su fundamento en el orden racional y moral de la sociedad que tiene sus raíces en Dios mismo, fuente primaria del ser, verdad esencial y bien supremo. La paz no es simplemente ausencia de guerra, ni siquiera un equilibrio estable entre fuerzas adversarias, sino que se funda sobre una correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la justicia y la caridad. La paz es fruto de la justicia, entendida como el respeto del equilibrio de todas las dimensiones de la persona humana. La paz peligra cuando al hombre no se le reconoce aquello que le es debido en cuanto hombre, cuando no se respeta su dignidad y cuando la convivencia no está orientada hacia el bien común. Pero también la paz es fruto del amor. A la justicia corresponde sólo quitar los impedimentos de la paz: la ofensa y el daño; pero la paz misma es un acto propio y específico de la caridad.

La paz se construye día a día en la búsqueda del orden querido por Dios y sólo puede florecer cuando cada uno reconoce la propia responsabilidad para promoverla. Para prevenir conflictos y violencias es necesario que la paz comience a vivirse como un valor en el interior de cada persona, así podrá extenderse a las familias y a las diversas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política.

Cuánto de irrespeto e intolerancia, de desavenencias y violencias, cuánto desencuentro, se han ido acumulando en el seno de muchas de nuestras familias y en nuestra sociedad. Necesitamos de la justicia reparadora, sí, pero sobre todo de gestos, actitudes, acciones de bondad y de ternura, necesitamos urgentemente de la terapia sanadora, reconstructora de corazones, del aprendizaje profundo del perdón y la reconciliación en los hogares y en el tejido social. La santa Madre Teresa de Calcuta afirmaba que las guerras comienzan en el seno de las familias. El Papa Francisco les decía a las familias en nuestra Catedral Primada: es en casa donde aprendemos la fraternidad, la solidaridad, el no ser avasalladores... donde experimentamos el perdón, y somos continuamente invitados a perdonar, a dejarnos transformar.  

Con apenas veinte años, nuestro Apóstol concebía la Patria como comunidad de intereses,, unidad de tradiciones, unidad de fines, pero, además, la imaginaba fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas. De eso se trata: de fundir caminos y tender puentes de Amor y de Esperanza, alistándonos en el bando de los que aman y fundan y no en el de los que odian y destruyen.

Hagámonos acreedores de la bienaventuranza martiana: ¡Bienaventurada la tierra donde se libran las batallas de la paz!, con la íntima certeza de que sólo el amor construye, y convencidos de que la única verdad de esta vida, y la única fuerza, es el amor. En él está la salvación y en él está el mundo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín