dialogoWebLa “escucha activa” es fundamental para el diálogo; pero hay obstáculos que pueden dificultarla o impedirla. La resistencia a la escucha es una forma confusa de saber los peligros que se presentan ante la verdad, porque la verdadera escucha reside más en el corazón del sujeto que en las circunstancias. Un primer obstáculo es la ansiedad: cuando la persona se preocupa más por sí misma, por cómo es recibida y cómo tiene que responder que por lo que quisiera transmitir. También el miedo a que el otro toque zonas capaces de “sangrar”, porque están heridas, dificulta la escucha. Por fin, la superficialidad, es decir, la dificultad para pararse en los sentimientos de los demás, lleva a que uno tienda a generalizar y huya de temas a nivel emotivo, sin que la conversación se personalice.

De parte de quien escucha, un primer impedimento es la tendencia a juzgar, a decir lo que es o no justo. Esa reacción es propia de quien dirige su mirada a normas o esquemas personales, a ideas religiosas, éticas, etc., en vez de centrarse en lo que el otro expone. A esa tendencia se asocia fácilmente la de dar “sermones” que deberían dar razón de lo que el otro experimenta, pero según el propio criterio. En el extremo opuesto está la pasividad, que tampoco ayuda; ya que uno tiende a dar la razón a la “víctima” y es incapaz de intervenir de manera activa y confrontadora en el momento oportuno. Asimismo la impaciencia e impulsividad impiden que la otra persona se exprese y termine a su ritmo las frases.

Pero hay dificultades que se detectan en ambos sujetos involucrados en el proceso comunicativo. La diferencia de percepciones, resultado de disímiles conocimientos y experiencias, lleva a que los interlocutores perciban el mismo fenómeno de maneras tan distintas, que sean irreconciliables. Se hacen también presentes entonces diferencias culturales y de lenguaje. Para que haya comunicación, las palabras utilizadas deben significar lo mismo para ambos participantes, lo que no siempre sucede. Sentimientos de temor, inseguridad y otros tipos de emociones influyen en la interpretación de un mensaje y distorsionan su sentido original.

Además, el nivel de las relaciones entre emisor y receptor (confianza, desconfianza), y la existencia de prejuicios y estereotipos afectan el nivel de comprensión de mensajes y conductas como, por ejemplo, “los abogados sólo dicen que no se puede” y “los contadores son unos esquemáticos”. Finalmente, la filtración o manipulación de la información es usada para que el receptor la acoja de manera más favorable. Los intereses personales y las percepciones diferentes de lo que es importante para cada cual están presentes en la filtración; por ejemplo, cuando un gerente le dice a su jefe lo que él cree que quiere oír.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de noviembre: XXXIII del Tiempo Ordinario

 

Mc 13,24-32

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

Lunes:  Ap 1,1-4; 2,1-5a / Sal 1 / Lc 18,35-43

“...¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”.

Martes:  Ap 3,1-6.14-22 / Sal 15 (14) / Lc 19,1-10

“...ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”.

Miércoles:  Ap 4,1-11 / Sal 150 / Lc 19,11-28

“...a todo el que produce se le dará más...”.

Jueves:  Ap 5,1-10 / Sal 149 / Lc 19,41-44

“...son cosas que tus ojos no pueden ver...”.

Viernes:  Ap 10,8-11 / Sal 119 (118) / Lc 19,45-48

“...todo el pueblo lo escuchaba...”.

Sábado:  Ap 11,4-12 / Sal 144 (143) / Lc 20,27-40

“El no es Dios de muertos, sino de vivos...”.

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