En el ministerio de Jesús, los evangelistas señalan dos actividades principales: la curación de enfermos y la expulsión de demonios. Cuando yo era pequeño, nos enseñaban en el catecismo que Jesús hizo milagros para probar su divinidad. Es verdad que los milagros son señales espectaculares que acreditan a Jesús como una persona muy especial.
Pero lo mejor de la teología bíblica nos ayuda a acercarnos a esas señales con un sentido diferente al de ser pruebas de que Jesús es el Hijo de Dios. Las señales milagrosas no apuntan tanto a la persona de Jesús como a la cercanía del Reino de Dios. Dios acerca su Reinado de amor, de justicia, de verdad y de paz en la persona de Jesús.
Jesús se acerca a la realidad humana del sufrimiento con el mismo corazón misericordioso del Padre. No hace milagros para presentar credenciales de divinidad, sino para mostrar la infinita bondad de Dios Padre.
La enfermedad y la posesión diabólica son dos manifestaciones dramáticas de la realidad dañada que Dios viene a salvar. Acerquémonos a cada una de ellas para descubrir mejor el sentido de las señales que Jesús nos da. En la mentalidad religiosa más primitiva del pueblo de Israel, la enfermedad no es solamente una aflicción corporal. Hay también una dimensión religiosa: la enfermedad es vista como castigo de Dios por alguna infracción que hemos cometido. Esta percepción aplicaba a cualquier enfermedad, pero de manera especial a aquellas enfermedades como la lepra que hacían a la persona ritualmente impura.
Cuando Jesús se acerca a los enfermos lo hace de una manera integral. En repetidas ocasiones, antes de efectuar la curación corporal, Jesús declara perdonados los pecados del enfermo. La psicología nos alerta también hoy a la estrecha relación que existe entre enfermedad y padecimiento espiritual y emocional.
No tengo ni la capacidad ni el espacio para tratar adecuadamente el tema de la posesión diabólica. Me limito a ofrecerles esta reflexión. Lo diabólico es lo opuesto a lo simbólico. Diabólico es lo que divide. Simbólico es lo que une.
Independientemente de la interpretación que le demos a la naturaleza del fenómeno diabólico, podemos afirmar que Jesús viene a ayudarnos a integrar nuestra persona, sanándonos de todos los dinamismos destructores que nos dividen. Esta actividad es por eso mismo una señal elocuente del acercamiento de Dios a nuestra realidad

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 14 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,49-53

“No he venido a traer paz, sino división”.

Lunes: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab/ Sal 45(44)/ 1Cor 15, 20-27a

“Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo”

Martes:  Ez 28,1-10/ Interleccional Dt 32/ Mt 19, 23-30

“Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios”

Miércoles: Ez 34,1-11/ Sal 23(22)/ Mt 20,1-16

“¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?”

Jueves: Ez 36,23-28/ Sal 51(50)/ Mt 22,1-14

“A todos los que encuentren convídenlos a la boda”.

Viernes: Ez 37,1-14/ Sal 107(106)/ Mt 22,34-40

“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ”

Sábado: Ez 43,1-7a/ Sal 85(84)/ Mt 23,1-12

“No hacen lo que dicen”

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