Derecho-a-la-Divergencia

La divergencia y la manifestación pacífica son derechos fundamentales, reconocidos en los artículos 18, 19, 20 y 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Una persona divergente es capaz de ofrecer soluciones creativas a problemas y modelos antiguos. Disentir de la ideología de un gobierno es, además, una necesidad, pues los derechos no nacen del poder, sino que los preceden y se levantan frente a aquel. La divergencia comienza por la libertad de pensamiento.

A menudo, una manifestación significa un último recurso del que dispone una persona después de experimentar continuas adversidades para encontrar los medios necesarios por donde expresar su indignación ante abusos de poder, el menoscabo de derechos o la ignorancia a sus problemas apremiantes. Una manifestación pacífica es un acto cívico. Es la posibilidad del intercambio de opiniones, de reivindicaciones ciudadanas e interpela los poderes públicos. Es un derecho inherente a toda persona, imprescindible para la defensa de otras libertades. Materializa en sí los derechos humanos de libertad de conciencia, expresión, asociación pacífca y participación en los asuntos públicos. Toda manifestación pone a prueba el carácter democrático de un Estado.
Para realizarse plenamente es necesario que los manifestantes estén libres de condiciones 
atemorizantes o amenazantes y que se garantice su seguridad ciudadana.

Cuando hay violencia no hay paz. Esta es diálogo y respeto del otro. La carta de las Naciones Unidas en su artículo primero relaciona el derecho a la paz con la justicia. No puede haber derechos humanos sin paz. Nadie es buen ciudadano si no es buen vecino. Nadie es libre si está coactado a permanecer fuera del ámbito donde se fraguan las libertades públicas. La divergencia y la manifestación pacífica son derechos inviolables. Desde que se reconoce y garantiza en una constitución derechos inherentes a la dignidad de la persona, se está reconociendo que estos son superiores y anteriores al poder del Estado. Por lo tanto, a cualquier gobierno le queda prohibido afectar el goce pleno de aquellos derechos bajo los pretextos de desorden público, atentado a la autoridad, traición al sistema político o defensa de la soberanía interna. No es sufciente que estos derechos se reconozcan, tal como ocurre en los artículos 54, 55 y 56 de la Constitución cubana. Es urgente que cada ciudadano pueda encontrar vías justas para gozar de ellos en la cotidianidad y que el Estado garantice su ejercicio político, jurídico y ético. Todo Estado debe ejercer su poder dentro de los derechos inviolables de la persona. Así, los 
principales beneficiados seremos todos.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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