Fuera-de-la-Iglesia

Esta es, sin lugar a dudas, una de las preguntas más repetidas en la historia del cristianismo a través de los siglos. Desde los tiempos de la primera comunidad cristiana, el Apóstol Pedro dijo: “Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos que Jesús” (Hechos 4,12). En cambio, San Pablo expresó: “Dios…, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad…” (1 Tim 2,4). El primero, encargado de evangelizar a los judíos, y, el segundo, a los paganos, mostraron el carácter universal del anuncio de Cristo. Los padres de la Iglesia afirmaron a través de San Cipriano: “No puedes tener a Dios como Padre si no tienes a la Iglesia como madre”. Estas enseñanzas se referían a aquellos que, habiendo conocido la fe verdadera, la rechazaron.

Más tarde, Santo Tomás de Aquino también enunció: “Uno puede obtener salvación sin ser de hecho bautizado, si la persona deseó el bautismo; tal deseo es el resultado de la fe que actúa por medio de la caridad, por la que Dios, cuyo poder no está atado a los sacramentos visibles, santifica a la persona interiormente” (Summa Theol., III, 68, 2); diciendo así que la salvación está plenamente conferida a la gracia y voluntad de Dios.

Asimismo, el Papa Pío IX en Singulari Quadam enseñó que “…los hombres están listos para obedecer a Dios y viven una vida honesta y recta, por lo que pueden, por la obra de la luz divina y la gracia, alcanzar la vida eterna”. Ochenta años después de la encíclica de Pío IX, el Papa Pío XII publicó Mystici Corporis en 1943, donde explica que la Iglesia es una herramienta eficaz de salvación para provecho de la humanidad, y no debe ser vista desde una mirada fundamentalista.

En Lumen Gentium el Concilio confirmó: “Toda salvación viene por la Iglesia de Cristo, fuera de esta gracia no hay esperanza de vida eterna”; pero también: “Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna” (LG 16). El Concilio reafirmó a la Iglesia  como medio, pero sin aislarla de la gracia y voluntad de Dios que puede salvar a todos. Esta sería, en definitiva, la respuesta más acertada a nuestra interrogante.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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