Videojuegos

Apenas me decido a escribir estas líneas y mi rostro delata la nostalgia por los instantes de  alegría y felicidad que viví cuando era un niño junto a los amigos del barrio. Nos reuníamos en  la casa de Julio para jugar con su Nintendo 64. Creo que no éramos  conscientes del Período Especial que asfixiaba al pueblo cubano, pues constituía una forma  inocente y bien divertida de distraernos y dar “la espalda” a las escaseces del momento. Entre la diversidad de videojuegos, los preferidos eran Super Mario Bros y Killer Instinct.

“Jugar atari” difícilmente era gratis. Nuestros padres siempre se las ingeniaban para presupuestarnos unos minutos de este adictivo entretenimiento. En el fondo, ellos tendrían  sus razones para darnos esos gustos, “a pesar de los pesares”. Nunca permitieron que  ocupáramos todo el tiempo libre en dichas actividades virtuales. Salvo excepciones, lograban controlar nuestras rutinas diarias para que los  videojuegos no nos esclavizaran. Intuían la importancia de compartir con otros niños, de jugar al escondido, los pistoleros, la pelota, el fútbol, montar  en chivichana, correr descalzos y descamisados bajo un aguacero o sentarnos a conversar durante los insoportables apagones.

Hoy, es común escuchar a no pocas personas decir que “los niños de ahora nacen con un tablet o móvil bajo el brazo”, pues son nativos digitales.  Cada vez son más precoces y prolongadas las exposiciones a pantallas de los más pequeños, sostenidas por el equivocado pretexto adulto de que  constituyen una efectiva forma de tranquilizarlos y entretenerlos. Con el mayor acceso que ahora tenemos los cubanos al ciberespacio, es sencillo  descargar para los chicos infinidad de videojuegos, incluso sin preocuparnos -muchas veces- por las edades a las que están destinados.

Los niños y adolescentes que ocupan sus días ensimismados en su mundo virtual, son vulnerables a padecer una adicción comportamental. Para  prevenirla, debemos estar alerta a algunos indicadores diagnósticos, tales como: pasar más de cuatro horas diarias consumiendo videojuegos,  descuido de las necesidades vitales y deberes, aislamiento social, dificultades en los mecanismos de adaptación, pérdida de la noción del tiempo, ira  desmesurada y disminución del rendimiento escolar, entre otras. En fin, su ámbito lúdico-digital se vuelve el sentido exclusivo de sus vidas.

Frente a esta problemática, la OMS aprobó incluir en 2022 la adicción a los videojuegos (gaming disorder) en la Clasificación Internacional de  Enfermedades (CIE-11), por el alza significativa que ha tenido este apego compulsivo desordenado. Mientras tanto, urge a las familias regular el  tiempo que pasan los hijos frente a sus aparatos de entretenimiento virtual, limitándolos a no más de 2 horas al día, según la Academia Americana de  Pediatría. Debemos estar atentos al contenido de los productos que consumen, que esté acorde a su edad. Propiciarles -en mayor medida- otro  tipo de actividades recreativas que les demanden creatividad e interacción con sus semejantes.

Les aseguro que para el videojuego de la vida, estarán mejores preparados y al finalizar el mismo podrán escuchar el mensaje anhelado: “YOU WIN” (tú ganas).

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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