Más-cerca-de-Dios

Soy una mujer de 36 años y amo la vida. Siento que he vivido mucho y cosas magníficas; por eso a veces me pregunto cómo sería llegar a los 80 años. ¡Cuántos recuerdos, personas y situaciones estarían registrados en mi corazón y en mi mente! Realmente, ¡qué maravilloso es vivir!

Me siento bendecida, agradecida a Dios y a la vida.Esta experiencia de gratitud se ha ido fortaleciendo en mí a través de los años, por muchas razones: el haber estado en peligro de perder la vida debido a un  accidente, cirugías… y seguir hoy viviendo, con salud, sueños y posibilidades, teniendo cerca a mis seres
queridos.

Hace siete años, a mi madre le detectaron cáncer de mama. Fue operada y el confirmar con la biopsia el diagnóstico y escuchar a los médicos el procedimiento a seguir fue para todos un golpe muy fuerte. Cada uno hizo lo posible por sostener y acompañar a mi mamá con fe y esperanza. Era sorprendente ver cómo, a pesar del miedo y los padecimientos, ella nos daba a todos una lección de serenidad y confianza en Dios.

Me dijo cuánto agradecía a Dios habernos tenido a mis hermanas y a mí, vernos crecer a nosotras y a sus nietos, como si ya hubiera vivido mucho, como si todo estuviera cumplido, profundamente agradecida a Dios.

Y una y otra vez Dios nos sorprende a todos con la vida: mi madre sanó. Su fe y la de mi familia han crecido desde esa experiencia. El gran milagro han sido la medicina y la ciencia, los buenos médicos, las terapias, la fe y las muchas personas que de una forma u otra la ayudaron a sanar; esto ha hecho que ella y toda la familia valoremos más la vida y el tenernos los unos a los otros.

Yo también, hace un año atrás, tuve una intervención quirúrgica muy compleja; todo parecía indicar que tenía una tumoración maligna. Intenté en un principio minimizar el problema, como ocurrió con mi madre y luego viví en carne propia lo que seguramente ella vivió; esa mezcla del miedo, tan humano, con la experiencia profunda de que Dios me ama, sostiene y cuida. Recuerdo como si fuera hoy mi oración, profunda y sincera, el grito desgarrador, así como la serenidad y la certeza. Le decía a Dios: “En tus manos, Señor, en tus manos”. La operación reveló que no era lo que tanto temíamos. Me extirparon lo dañado y no tuve que hacer ninguna terapia.

Es el contacto con Dios la experiencia profunda de que está conmigo y que todo lo trasciende, de que “en vida y muerte somos del Señor”, como diría San Pablo; lo que me sostiene, lo que también me ayuda a acompañar a otros.

Muchas otras experiencias he vivido en torno al dolor, la enfermedad y la muerte de personas cercanas y queridas, y cada una, misteriosamente, siento que me acerca más a Dios.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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