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En la historia que nos ocupa intervienen piratas, obispos, exorcistas, alcaldes, fundadores y gente de toda clase. Para sumergirse en ella requerimos un único dispositivo -los libros y papeles viejos-, que funcionará como una máquina del tiempo. Porque, mientras trato de relatar qué ha sido la diócesis de Santa Clara en los últimos 25 años, es imposible no remitirme a los “hechos de perpetua memoria” de los que hablaba el obispo Morell: la célebre pelea cubana contra los demonios que labró la columna vertebral de Las Villas.

Las tres ciudades antiguas de la diócesis están conectadas por ese misterio fundacional. Un bravo y sanguinario conquistador, Vasco Porcallo, salió hace quinientos años de Sancti Spíritus a fundar Remedios -su pueblo “particular”-; sus descendientes, mortificados por los corsarios y los demonios, partieron, luego de la octava villa, a levantar otra: Santa Clara.

Esta tríada urbana se multiplicó en muchas otras ciudades. Se trazaron fronteras políticas y eclesiales, pasaron por esta tierra prelados y misioneros, se erigieron templos y colegios; se pasó tiempos difíciles. Ante el torbellino de los años, decir que la diócesis de Santa Clara existe hace solo 25 es reducir su memoria. Tan temprano como el 16 de agosto de 1695, las autoridades del cabildo adoptaron como “Patrona y abogada a la Gloriosa Virgen Santa Clara, y le votaron, so el dicho juramento, hacerle una fiesta todos los días de su glorioso nombre (…) con toda la solemnidad que se pudiere”.

Entre los tejados de la ciudad sobresalen las torres de iglesias antiguas y entrañables como el Carmen, la Pastora, Buen viaje y la Catedral. Las piedras de estos templos conservan la memoria de sacerdotes como los padres Conyedo o Hurtado de Mendoza; son testigos de las peligrosas salidas de los pasionistas durante la noche para curar a los mambises heridos, y de la celebración, en la Loma del Capiro, de la primera misa de un Papa en Cuba, en 1998.

También hay recuerdos dolorosos: la profanación de la hermosa escultura de la Inmaculada, robada y lanzada a un cenagal santaclareño hasta -precisamente- la fundación de la diócesis. Hoy está a la entrada de la Catedral, con el nombre de Virgen de la Charca, con el mármol golpeado para que nadie olvide lo sucedido.

La diócesis de Santa Clara tiene, además, un largo camino de amor por la cultura. Así lo atestiguan su Biblioteca Diocesana, su vínculo a festivales del cine, la música y su colaboración con intelectuales. A esta dedicación se suma el Centro Diocesano de Formación y otras iniciativas.

Como toda la Iglesia cubana, la reciente situación económica ha sido fulminante para la labor diocesana en todos los órdenes. La precariedad que amenaza cada nivel de nuestra vida hace el futuro incierto. Sin embargo, a un cuarto de siglo de su fundación, ni la diócesis de Santa Clara ni esta isla antigua donde viajamos todos, están dispuestas a cederle un ápice a la desesperanza.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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