Felicidad-a-Dios

El rey Enrique VIII fue un ferviente católico a quien el Papa León X le otorgó el título de “Defensor de la Fe” por su oposición al cisma luterano. Sin embargo, cuando le fue negada por Clemente VII la disolución de su matrimonio con Catalina de Aragón, y aprovechando el descontento del clero inglés con la excesiva fiscalidad de Roma, rompió con la Sede Papal, se declaró cabeza de la Iglesia en Inglaterra, se apropió de los bienes de los monasterios y exigió al clero inglés, por medio del “Juramento de Supremacía”, un sometimiento total a su autoridad.

Así, mantener la obediencia a la Iglesia romana o al rey fue la encrucijada en la que se vieron inmersos dos grandes hombres: Juan Fisher y Tomás Moro.

Juan, consagrado obispo de Rochester en 1504, fue un pastor a imitación de Cristo: con visitas pastorales frecuentes, atención a la disciplina del clero, cuidado personal de los pobres y una vida muy estricta. Hombre de letras, fue elogiado por Erasmo de Rotterdam al afirmar que no había “en la nación hombre más instruido ni obispo más santo”. Como miembro de la Cámara de los Lores, luchó por reformas que separaran al clero de las influencias del Estado. Desde allí protestó enérgicamente contra el cisma anglicano. En 1534, por su negativa a jurar el “Acta de supremacía”, fue preso 15 meses. El Papa Pablo II lo nombró cardenal para tratar de frenar el proceso. El 22 de junio de 1535, el santo obispo murió mártir. Sus últimas palabras fueron: “Pueblo cristiano, vine aquí a morir por la fe en la Santa Iglesia Católica de Cristo”. Su vida es testimonio de que cuando los intereses de este mundo se oponen a los intereses del Evangelio, el lugar de un ministro está junto a la verdad y la justicia. Durante su prisión coincidió con un gran amigo, preso por los mismos motivos y que moriría unos días después que él, el laico Tomás Moro.

Moro, quien procedía de la pequeña nobleza, estudió en el ambiente humanista de la Universidad de Oxford y accedió a la corte inglesa en calidad de jurista. Fruto de su pensamiento político es su obra Utopía (1516), donde criticó el orden político, social y religioso de su época y propugnó un sistema basado en la igualdad social, la fe religiosa, la tolerancia y el imperio de la ley. Enrique VIII le otorgó diversos cargos que atestiguaban el aprecio que le merecía: embajador en los Países Bajos (1515), miembro del Consejo Privado (1517), portavoz de la Cámara de los Comunes (1523) y canciller desde 1529. No obstante, rompió con el rey por razones de conciencia, cuando este consumó el cisma. Fue decapitado el 6 de julio de 1535. Su vida es modelo de un laicado comprometido con la vida política, seguimiento del Evangelio y fidelidad a la conciencia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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