Los-bienes-de-la-IglesiaII

 II- Una nueva etapa en la vida de la Iglesia en Cuba

En aquellos momentos, cuando todas las instituciones cubanas en que se asentaba la Iglesia desaparecieron, se hizo evidente que la presencia de Cristo en Cuba no dependía de las estructuras, aunque fueran buenas y lícitas; que la evangelización descansaba en la fe y el testimonio de cada cristiano. Debíamos ser cristianos conscientes, interesados en formarnos para poder dar razón de nuestra fe en un ambiente crítico y hostil que continuamente nos cuestionaba y tildaba de idealistas, oscurantistas, retrógrados. Podíamos ser excluidos de diversos espacios: recordemos que en esa época se sentaron las bases de la Constitución, que posteriormente se declaró atea. Tuvimos que renunciar a muchas cosas legítimas para no negar la fe.

El Señor nos bendijo con gracias como la creatividad pastoral. Conocimos y apreciamos en mucho el valor de la parroquia y de la vida comunitaria. Descubrimos lo importante de la unidad, sin ella no hubiéramos podido sobrevivir. El pueblo de Dios se descubrió UNO -obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, laicos-. Nos dimos cuenta de que sin la formación en la fe, podíamos ser fácilmente absorbidos por el medio, como sucedió con muchos. Se nos hizo evidente el valor de la liturgia. Nuestras celebraciones, sin estridencias y excentricidades, eran verdaderas asambleas de alabanza y de encuentro festivo. Fue la época de nuevos y buenos compositores de música religiosa en ritmos cubanos. A pesar de las dificultades para la misión y la caridad, estas estaban presentes, y siempre se encontraban espacios para realizarlas.

Estos dones recibidos constituían, a su vez, tareas en las que debíamos trabajar constantemente para conservarlos y consolidarlos. Todo eso fue un regalo de Dios, pues comenzamos sin saber a dónde llegaríamos. Muchas veces vimos cómo Dios realizó su obra con nosotros y, en otras, a pesar de nosotros.

Fue la época del Concilio Vaticano II. Como publicación, solo teníamos la “hojita” Vida Cristiana y comenzó a salir entonces, mientras duró el Concilio, otra mensual que se llamaba Vox Concilii para dar a conocer los Documentos Conciliares, los que se estudiaban seriamente en las comunidades y grupos parroquiales. Vivimos intensamente el espíritu del Concilio. En medio del aislamiento, nos sentíamos unidos a la Iglesia universal.

Con el tiempo, hubo cambios; la Constitución dejó de ser atea para ser laica. Corroborando que el tiempo es de Dios y que Jesús es el Señor de la Historia, caminamos despacio y sin detenernos hasta llegar al ENEC y su posterior puesta en práctica hasta el día de hoy.

Ahora estamos inmersos en una nueva y difícil etapa en la vida del pueblo y de las comunidades, a propósito del Reordenamiento Económico. También es necesaria la confianza, unidad, creatividad y conversión personal y pastoral en una realidad completamente diferente. De esta nueva prueba, si somos fieles, también sacaremos muchas gracias. Pidamos y esforcémonos para que los dones adquiridos se conserven siempre en nuestra Iglesia y en nuestro quehacer pastoral.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Mc 8,27-35

“...El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga”

Lunes:  1 Tm 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“Al oír estas palabras, Jesús quedo admirado…”

Martes: Exaltación de la Santa Cruz
 
Nm 21,4b-9 o Fil 2,6-11 / Sal 78 (77) / Jn 3,13-17

“¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único…”

Miércoles:   1 Tm 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”

Jueves:   1 Tm 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”

Viernes:   1 Tm 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-3

“...iba recorriendo ciudades y aldeas predicando…”

Sábado:   1 Tm 6,13-16 / Sal 100 (99) / Lc 8,4-15

“...la guardan y, perseverando, dan fruto”

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