Vía-Crusis-del-preso

En nuestro ambiente hay muchas personas a las que debemos servir, por lo que podríamos aprender algo de los primeros cristianos. Ellos estaban llenos de deseos de seguir a Cristo, de ser mensajeros de la Buena Nueva de Jesús; se percataron de que en sus comunidades no solo había viudas, huérfanos, pobres, enfermos, sino que también había presos. Recordaron entonces esas palabras de Jesús: “Estuve preso y me visitaste”. (Mt.25, 26).

Hablar de quienes se encuentran en cautiverio, no es tema que la sociedad asimile con facilidad y, sin embargo, es misión recomendada por Jesús, pues se trata de llegar al hombre en su dimensión total, ya que muchos vienen de familias destruidas, ambientes donde los valores positivos brillan por su ausencia y aún más: para un cristiano, un preso es una célula del cuerpo de la comunidad cristiana que está separado necesita ayuda.

Durante algunos años he acompañado la Pastoral Penitenciaria, lo que me ha permitido conocer varias prisiones, y el poder compartir durante 8 años con un grupo de internos me autoriza a decir que es más lo que he recibido que lo que he dado, lo que he aprendido que lo que he enseñado. Su realidad tiene muchas aristas -familia, sociedad civil, comunidad cristiana, instituciones jurídicas, militares-, que de alguna manera influyen en el proceso de rehabilitación.

Bien que la Pastoral Penitenciaria tiene sus objetivos en el proceso de acompañar al preso, sin embargo, no se puede perder de vista que se trata de “Evangelizar anunciando la Buena Nueva de Jesús, humanizando el mundo penitenciario mediante la promoción y la defensa de los derechos fundamentales de las personas”.

Estos retos afectan a los internos en los centros penitenciarios, a sus familiares y al gobierno, a los funcionarios del sistema penitenciario, a los profesionales del mundo jurídico y a los agentes de pastoral, entre otros.

No se niega que un preso es alguien que por un delito cumple una condena, a veces desproporcionada, y otras injustamente impuesta por errores que vienen de quien le corresponde impartir justicia, que como hombre es sujeto de equivocaciones; sin embargo, lo que es ciertamente verdadero es que: “hay que respetar en toda situación la dignidad ajena porque no inventamos o suponemos la dignidad de los demás, sino porque hay efectivamente en ellos un valor que supera las cosas materiales y las circunstancias y que exige que se les trate de otra manera.” (Papa Francisco, “Todos Hermanos”, No.213).

No abogamos por la impunidad. La justicia se busca por amor a la justicia misma, por respeto a la víctima, para prevenir otros crímenes y preservar el bien común, no como una supuesta descarga de propia ira (casos ejemplarizantes) y como sucede en alguna “cadena perpetua”, que no es otra cosa que pena de muerte oculta.

Si logras ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifca tu servicio y la entrega de tu vida.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

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