Comprometidos-con-los-desfaEn los últimos tiempos, la inseguridad, el dolor y la angustia han sido sentimientos experimentados por gran parte de la humanidad. Inimaginables cifras de muertes producidas por un “desconocido”, COVID-19, han convocado grandes esfuerzos en favor de la vida.

Hemos tenido oportunidad para practicar la paciencia y reflexionar sobre la necesidad que tenemos de Dios y de los demás. El Dios de la historia, siempre presente, sigue hablando a su pueblo. “Te basta mi gracia”, diría Pablo.

En este caminar, llegamos ante Jesús, el Hijo de Dios Padre Todopoderoso, “manso y humilde de corazón”. Él pasó haciendo el bien y curando enfermos de alma y cuerpo, lavó los pies a sus discípulos, necesitó de Simón de Cirene para que le ayudara a cargar la cruz; crucifcado tuvo sed y le ofrecieron vinagre. Lleva su solidaridad hasta el extremo de la muerte en cruz y muere como un culpable, siendo inocente. Fue enviado por el Padre para ser Salvador del mundo; ante el dolor pide que “pase este cáliz”, pero sobre todo quiere cumplir la Voluntad del Padre que lo envía.

Llamados a la conversión y a la santidad, nos preguntamos: ¿Cómo debe y puede la Iglesia acompañar al que padece, sufre o es oprimido?

“La Iglesia no puede renunciar a dar su colaboración para mejorar los diferentes proyectos sociales que vayan encaminados al bien común, como tampoco a ejercer su misión crítico-profética frente a las realidades históricas concretas”. (ENEC, 419)

El Papa Francisco, en su reciente encíclica
Fratelli Tutti (“Hermanas y hermanos todos”), tiene un mensaje, “en nombre de la justicia y de la misericordia”, para los líderes políticos y religiosos sobre el diálogo y el bien común.

Es una oportunidad para preguntarnos: ¿qué lugar ocupa Dios en nuestro corazón y en el corazón de la Iglesia? Queremos ser una iglesia “desprendida de poder y deseosa de servir” (ENEC).

María, la Madre, acompaña a Jesús en su Pasión, camina entre todos, sin reclamar ni quejarse. Mientras sentía una espada de dolor atravesar su corazón, permaneció serena y valiente, recordando “el Señor está contigo”.

También hoy “nuestra mirada se vuelve hacia María, la Madre del Amor, la Madre de los pobres y sufridos (...) Queremos aprender de ella y sufrir como ella al pie de la Cruz,
cuando no quiso contarle al mundo su dolor, sino proclamarle con fuerza su esperanza”. (Mensaje final, ENEC).

Esta semana de Pasión nos invita a estar atentos para identifcar y luchar contra los sufrimientos físicos, morales y sociales que pueden evitarse. Detrás de ellos hay egoísmos, envidias, divisiones a sanar, perdonar y ser perdonados. En tiempos en que tanto se habla de economía, “que nada se pierda”; ofrezcamos con amor nuestra colaboración a la Cruz Redentora, donde Jesús, “fuente de aguaviva”, nos renueva y purifica.

Así, “
Hermanos todos”, deseemos vivir cada día confiada y serenamente, dialogantes y constructivos, comprometidos con los más desfavorecidos, pacificadores y con esperanza, porque Dios nos ama y nos quiere felices.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

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