Paciencia-y-esperanzaSacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia,
y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone,
fjos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe.
(cf. Hebreos 12, 1-2)


La Esperanza es una virtud y, por tanto, una actitud ante la vida. Es virtud teologal, referida a Dios. Es la actitud propia del que espera en Dios, confando en una promesa que sabe es cierta, de Aquél que construye eso mismo que espera, porque sabe que todo viene de Dios, y todo lo hace Dios a través nuestro. Así, cualquier esperanza es un reflejo de aquella Esperanza, tanto en lo personal como en lo social. Toda aspiración de lo bueno es, en el fondo, aspiración de Dios. Aun cuando parezca que es débil, que nunca se alcanza lo que se desea, que se lucha por la bondad, que la maldad parece reinar, Dios asegura la victoria del bien.

Muchas veces, nuestra realidad inmediata nos hace centrarnos en la subsistencia, más que en la existencia. Mi viñeta preferida de Mafalda se reía de esto con la frase que da título a este texto. Si bien es una experiencia universal, en Cuba tal vez está exacerbada por la desesperación cotidiana que impera, la falta de futuro y la desesperanza. El sufrimiento hace que nos volquemos a dejar de sufrir, cerrando el horizonte de la vida cuanto mayor es el sufrimiento. ¡Y esto es necesario! Es necesario trabajar cada cual por hacer mejor su vida y la de los demás. Pero también es bueno no olvidar, en el camino, lo esencial: Dios está apostando por el Bien, la Esperanza sostiene cada esperanza concreta. La paciencia, como actitud “hermana” de la esperanza, asegura que no nos cansemos.

Ante cada cansancio, cada caída, ver que nada cambia ni mejora, la Palabra de Dios nos exhorta: “levanten las manos caídas y las rodillas entumecidas, y enderecen para sus pies los caminos tortuosos, para que el cojo no se descoyunte, sino que más bien se cure” (cf. Hebreos 12, 12).

Precisamente, la Carta a los Hebreos, que hemos leído en las últimas cuatro semanas, es un himno al Sacerdocio de Cristo y su centralidad en la existencia cristiana. Quizás tenga algo que enseñarnos cuando miramos nuestra realidad nacional: la pobreza material y la falta de valores. El plan de Dios ante el sufrimiento humano es la redención obrada por Jesucristo: encarnarse en la realidad sufriente, amarla profundamente, estar dispuesto a dar la vida por ella. La misma carta nos ofrece algunas pistas: no dejen de amarse unos a otros, sean amables, acuérdense de los presos, piensen en los que son maltratados, respeten el matrimonio y la pureza, no amen como si fuese un dios el dinero. (cf. Hebreos 13)

En resumen,
fjos los ojos en Jesús, con paciencia y esperanza, amemos nuestra realidad, transformémosla desde dentro; ofrezcamos el sacrifcio que esto implica cada día, y tengamos atento el corazón para escuchar a Dios.

Ora con la Palabra

 

Domingo 28 de febrero: II de Cuaresma

 

Mc 9,2-10

“...Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.

Lunes:   Dn 9,4b-10 / Sal 79 (78) / Lc 6,36-38

“No juzguen y no serán juzgados…”.

Martes:   Is 1,10.16-20 / Sal 50 (49) / Mt 23,1-12

“...el que se rebaja, será puesto en alto”.

Miércoles:  Jr 18,18-20 / Sal 31 (30) / Mt 20,17-28

“...lo condenarán a muerte”.

Jueves:  Jr 17,5-10 / Sal 1 / Lc 16,19-31

“...no se convencerán”.

Viernes:  Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 105 (104) / Mt 21,33-43.45-46

“...tuvieron miedo del pueblo…”.

Sábado:  Mq 7,14-15.18-20 / Sal 103 (102) / Lc 15,1-3.11-32

“...estaba perdido y ha sido encontrado”.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

                      PARA MARZO DE 2021

  El Papa nos pide orar por: El Sacramento de la Reconciliación

Recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación

con renovada profundidad, para saborear la infnita misericordia de Dios.

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