Cartas-Pastorales

En el Nuevo Testamento, las dos cartas a Timoteo y la carta a Tito son llamadas desde el siglo XVIII “cartas pastorales”, porque se dirigen a unos “pastores” o dirigentes de comunidades cristianas y porque, a la vez que forman parte del género epistolar, también pueden considerarse escritos de sabiduría pastoral.

Estas y la carta a Filemón son las únicas atribuidas a Pablo que tienen a una persona concreta como destinatario, aunque tienen evidentemente un alcance eclesial. Las otras cartas de Pablo van dirigidas a diversas comunidades (corintios, flipenses,…).

Por lo que se refere a su autenticidad paulina, la mayor parte de los críticos actuales ven en ellas la obra de un discípulo que, a fnales del siglo I emprendió la defensa de la herencia del apóstol contra las desviaciones de falsos doctores. Y las razones para cuestionar el que fuera Pablo quien las escribiera son, en primer lugar, que el vocabulario y el estilo son muy distintos de los empleados en las grandes cartas, y sobre todo, que la organización de la Iglesia que aparece en ellas supone una etapa más avanzada que la que le tocó vivir a Pablo.

A Timoteo y a Tito, considerados por Pablo como sus verdaderos hijos en la fe, se les asigna sobre todo dos tareas: la lucha contra toda clase de herejía y la organización ministerial de sus comunidades.

Frente a la proliferación de errores el autor de las pastorales propone una actitud de autoridad apostólica más que de diálogo. Aparecen, sin embargo, como dos consignas: excomulgar o corregir con mansedumbre a los adversarios por si Dios les otorga la gracia de llegar a reconocer plenamente la verdad.

De todos los documentos del Nuevo Testamento, las pastorales son indudablemente las que encierran información más abundante sobre el modo de organizarse las comunidades cristianas a fnales del siglo primero.

La espera de la venida defnitiva del Señor, tan viva en las primeras comunidades, se había ido borrando; por esto no es extraño que la preocupación dominante del autor de las pastorales fuera la duración futura de las comunidades que Pablo había ido creando. De aquí la necesidad de la organización ministerial y la aparición de personajes con el nombre de obispos, presbíteros y diáconos. La palabra
epískopos signifca ‘inspector’ y es usada en singular porque solo había un obispo por comunidad. La palabra presbíteros (o anciano) es usada en plural a causa de la naturaleza colegial de la función sacerdotal. Los diáconos son encargados de ciertas responsabilidades comunitarias. Para todos ellos se exigen cualidades determinadas.

En este contexto de organización ministerial se habla varias veces de la imposición de manos. En los evangelios este gesto aparece como gesto de curación; en el libro de los Hechos puede significar el don del Espíritu Santo; aquí se trata de un gesto de transmisión de potestad.

Las cartas pastorales nos sitúan en la segunda o tercera generación cristiana. Para ello había que nombrar líderes responsables, capaces de mantener el orden y la concordia y regular el culto.

Ora con la Palabra

 

Domingo 28 de febrero: II de Cuaresma

 

Mc 9,2-10

“...Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.

Lunes:   Dn 9,4b-10 / Sal 79 (78) / Lc 6,36-38

“No juzguen y no serán juzgados…”.

Martes:   Is 1,10.16-20 / Sal 50 (49) / Mt 23,1-12

“...el que se rebaja, será puesto en alto”.

Miércoles:  Jr 18,18-20 / Sal 31 (30) / Mt 20,17-28

“...lo condenarán a muerte”.

Jueves:  Jr 17,5-10 / Sal 1 / Lc 16,19-31

“...no se convencerán”.

Viernes:  Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 105 (104) / Mt 21,33-43.45-46

“...tuvieron miedo del pueblo…”.

Sábado:  Mq 7,14-15.18-20 / Sal 103 (102) / Lc 15,1-3.11-32

“...estaba perdido y ha sido encontrado”.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

                      PARA MARZO DE 2021

  El Papa nos pide orar por: El Sacramento de la Reconciliación

Recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación

con renovada profundidad, para saborear la infnita misericordia de Dios.

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