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El coronavirus ha llegado, paralizando todo a nuestro alrededor y nos ha hecho replantearnos muchas cosas. Si en algún aspecto nos ha frenado, ha sido por la necesidad de quedarnos en casa y no poder participar de las distintas actividades que ofrecía la Iglesia. La pandemia llegó al país a finales de marzo, tiempo en que la Iglesia católica se disponía a celebrar la Semana Santa, y así, nos pidió vivir este tiempo tan importante dentro de nuestras casas.

Para nosotros los jóvenes ha sido lo mismo: esta pandemia nos ha obligado a mantenernos un tanto alejados de nuestras comunidades parroquiales, tanto física como espiritualmente, algo que ha afectado a quienes ven en el recinto parroquial un lugar de enriquecimiento, de encuentro directo con Dios. Hemos tenido que vivir nuestra fe de una manera diferente, mediante la oración desde el hogar, mirando la situación que nos afecta con la mirada del amor de Dios, conscientes del peligro que supone, pero a la vez confiando en que nuestro Padre está de nuestro lado y no nos abandona.

Estamos viviendo ahora la época de la Navidad. Siento que debemos preguntarnos: ¿qué podemos hacer nosotros los jóvenes para vivirla alegremente? Y quizás la respuesta a esa pregunta sea más sencilla de lo que pensamos. Lo primero que como jóvenes podemos hacer es caer en la cuenta de que la Navidad es un tiempo de alegría, de júbilo, de esperanza y de amor. Luego, conscientes de todas esas emociones que esta época despierta en nuestros corazones, debemos pensar en exteriorizarlas, ser capaces de transmitirlas a cada fiel que día tras día nos acompaña en nuestras comunidades, realizando actividades donde estemos todas las personas vinculadas, sin importar la edad o si pertenecen a una pastoral o grupo apostólico o a otra. También se pueden llevar a cabo, sin olvidar que debemos cuidar de nuestra salud y de la ajena, ferias organizadas por los jóvenes donde lo principal sea animar a todos a ver en esta Navidad una nueva oportunidad para ser felices, para que la vivamos sincera, humilde y comunitariamente. Pues aunque llevemos mascarillas en el rostro, no debemos ocultar nuestro corazón tras otra mascarilla.

La Navidad ha llegado marcada por un año que ha repercutido signifcativamente en nuestra vida. Algunos han perdido familiares, pero también el 2020 nos ha ayudado a comprender y valorar no tanto lo que tenemos, sino a quiénes tenemos. Así, con estas pequeñas pero fecundas enseñanzas que hemos aprendido, seamos capaces de darnos cuenta del inmenso regalo que Dios nos da haciéndose un niño frágil, para que comprendamos que no nos deja solos ni un instante.

Que este tiempo que vivimos sea una invitación a dejar de lado las tristezas que experimentamos y celebremos, con la esperanza renovada que nos brinda y con gozo, el nacimiento de Jesús, nuestra Navidad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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