Navidad-fuera-de-casaJennifer y Brandon, dos jóvenes salvadoreños, salieron huyendo de su pueblo en busca de la frontera, en medio de la noche, asustados, sin saber qué hacer. Unas horas antes habían estado conversando tranquilamente en la cena sobre el futuro que tendría su hijo que nacería pronto; estaban felices y emocionados. El hijo mayor, de 12 años, los observaba y se alegraba, ya que dentro de unos días llegaría la Navidad, esa temporada llena de cariño, abrazos y cercanía al celebrar el nacimiento del niño Jesús.

Esa noche de tranquilidad y vida familiar se salió de control al recibir la siguiente amenaza: “Mañana tienen que pagar mil dólares para que puedan seguir trabajando y vendiendo comida en la calle; si no lo entregan mataremos a alguno de su  familia. A su hijo alguien lo recogerá y lo empezará a entrenar para que trabaje para nosotros. No se pueden resistir, si alguien lo hace lo mataremos por igual.”

Jennifer y Brandon se pusieron muy nerviosos, no sabían qué pensar, qué hacer.

En ese mismo momento decidieron que tendrían que huir para poder salvar su vida y la de sus hijos. Esa es la situación que viven más de 79,5 millones de desplazados en el mundo: salen huyendo de grupos delincuenciales, del hambre, de la persecución política y de todo tipo de violencia.

Así es como conocí a Jennifer, Brando y a sus dos pequeños hijos, uno en gestación. Ellos, huyendo de la muerte; yo, recibiéndolos en la frontera. He observado innumerables veces esas caras pálidas y asustadas que hablan de días de hambre, de miedo, y de mucha incertidumbre al ir a parar en un país lejano, ajeno y sin un peso en la bolsa.

Del mismo modo María y José, después de que nació su hijo Jesús, tuvieron que salir huyendo porque un poderoso quería quitarle la vida a su hijo: “(…) levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto…” (Mt 2, 13-15). Justo después de su nacimiento, Jesús, aquel que llegaría a subvertir el tiempo, a instaurar un espacio de amnistía, gracia, solidaridad y paz, tuvo también que salir a un país extranjero para salvaguardar la vida y después poderla entregar en toda su plenitud para resucitar y así no volver a morir nunca más.

Así como la Sagrada Familia huye a un país extranjero, así lo hacen millones de refugiados; pasando las mismas penurias: frío, hambre, miedo, incertidumbre, sin oportunidad de celebrar Navidad en la paz del seno del hogar.

Jesús, María y José se hicieron solidarios con todos los pobres del mundo y especialmente con los que salen huyendo de su propia casa, para decirnos que no estamos solos y que la venida de Jesús, que celebramos en Navidad, es tiempo de compartir, sacar lo mejor que tenemos en el corazón para hacer la vida menos pesada a otros que han corrido con menos suerte y oportunidades.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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