Día-Mundial-de-ConcienciaciAlberto y Mónica comparten muchas cosas: tienen 14 años, viven en el mismo barrio, van a la misma escuela, y ambos son autistas. Sin embargo, pareciera que avanzaran en sentidos opuestos. Mónica cada día acorta más su distancia con la realidad, ha aprendido a mirarla sin voltear el rostro, y a ir encontrando en cada sitio su lugar. Alberto, en cambio, se sumerge cada vez más en su propio mundo, sus intereses duermen la paz de los sepulcros, y los personajes de su interioridad han tomado el mando, llegando a rechazar, en ocasiones con violencia, a aquellos que desde fuera intentan acercarse. Aunque viven con sus padres, las posiciones de estos, con respecto a ellos, difieren en gran medida.

Los padres de Mónica, después de haber vivido la dura etapa del diagnóstico, con la cual emergen los porqués, las emociones encontradas y la difícil aceptación, aprendieron a silenciar la queja y escuchar la voz que les gritaba desde el silencio. Se ubicaron frente a ella, con los brazos extendidos, en constante invitación a ir siempre hacia adelante, y con la presencia invariable que no le permita olvidar que están ahí para ella.

Por el contrario, los padres de Alberto quedaron atrapados en la lógica del por qué: “¿Por qué ha pasado esto, por quéa nosotros, por quéle ha tocado a él?” Se han mantenido atrás; incluso son ellos muchas veces quienes voltean el rostro, porque mirar a su hijo provoca mucho dolor, un dolor tan intenso que humanamente es mejor no afrontar, y que a su vez los aleja de la búsqueda de recursos que los ayuden a aceptarlo, entenderlo y apoyarlo.

Todos, en una u otra circunstancia, hemos vivido esa lógica del por qué. Lógica que, cuando de un hijo se trata, cobra mayor intensidad, pues viene acompañada de una amalgama de emociones y de cuestionamientos, casi siempre precedidos por la culpabilidad, nuestra, del otro, y en ocasiones hasta de Dios. Indiscutiblemente, esas vivencias no son fáciles de aceptar; muchas veces las personas, de manera inconsciente, optan por evadirlas.

Para las personas con autismo el mundo es una realidad muy compleja con cuyas dinámicas no saben lidiar, por eso es mejor “quedarse dentro”. Pero no significa que esa realidad sea totalmente inamovible, y en ese sentido, somos nosotros, los padres, los primeros que debemos intentarlo.

Hoy invito a que cambiemos la mirada del por qué que nos traspasa, al para qué que nos convoca. Solo entonces escucharemos su llamado: “Para que me animes a intentarlo cada día más, para queme ayudes a ser mejor, para que nunca olvide que no pasa nada por ser diferente”. También yo añadiría: Para que al sostenerla sepa que tiene tu apoyo, al abrazarla, que es suyo tu corazón, y que al hablarle escuche tu voz diciendo “no te rindas, hija, sigue adelante, que yo estaré aquí para ti, hoy y siempre.”

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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