Diálogo-y-reconciliaciónUstedes saben que se dijo: «Ama a tu prójimo y guarda rencor a tu enemigo» Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.
Mt 5, 43

Con apenas 8 años cumplidos, mientras participaba de la misa dominical en la capilla Santa Teresa de Jesús, junto a mi familia, presencié un “acto de repudio” contra el sacerdote y la feligresía allí presentes. Las Hijas de la Caridad nos protegieron evacuándonos hacia el interior del Colegio de Truffn. Unos días después, una vecina le comentaba a mi madre que sus hijos no iban más a la catequesis “porque no les convenía”, a lo que esta respondió: “mis hijos seguirán”.

Alternando entre estudio y trabajo informal para lograr paliar el ínfmo salario que llegaba a la familia, fuimos graduándonos de primaria, secundaria y bachillerato hasta que, en el último curso, aumentaron las presiones por mi condición de cristiano comprometido; inclusive, me relegaron al segundo lugar en el escalafón, a pesar de haber acumulado el mejor promedio para ingresar en la Escuela de Arquitectura de la CUJAE. Y para mi asombro, desde el primer día en este centro de estudios, algunos militantes de la UJC mostraron su desagrado por mi presencia, hasta que fui expulsado a los dos meses del curso. Otro tanto pasó laboralmente: no tuve derecho a devengar mejora salarial por no ser aprobado a ocupar cargo de “cuadro dirigente”, aunque ejerciera esa responsabilidad, al igual que fui rechazado en empresas de mejor categoría.

Para mi dicha, a los 15 años pude descubrir a Jesús en su Evangelio en una comunidad con jóvenes creativos y participativos, y en la Iglesia universal el soplo del Espíritu Santo inspiró la convocatoria del Concilio Vaticano II y con ello una etapa luminosa que trascendía fronteras. Convocado por San Juan XXIII, el Papa de “la apertura”, y continuado por San Pablo VI, el Papa de “todo hombre es mi hermano” y de la “unidad en la diversidad”, pude participar en la Iglesia de “Diálogo y Reconciliación” con las culturas, las tendencias ideológicas, los movimientos. Este cambio de paradigma abarcó desde la liturgia hasta la teología, una Iglesia atenta a las gentes, sus vivencias, sus alegrías y fracasos, como la fel presencia de un Dios acogedor y misericordioso.

Fue así como, frente a la intolerancia, pude transitar por la brecha que se abría para los que, por vocación, preferimos encontrar soluciones a los conflictos y vivir una mística de la transformación que supera, aún con las huellas de las heridas visibles, los tiempos de confrontación.

Se ha de estar disponible a extender la mano amiga y sincera a todo aquel que se sienta comprometido con el crecimiento humano y el bien social; con la disposición de hermanarnos y de rechazar la intransigencia, la exclusión. Se ha de querer tener plaza en el “bando de los que aman y construyen y no en el de los que odian y destruyen”, al decir de nuestro Apóstol José Martí.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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