Pensar-como-Iglesia-BW-2En el momento en que escribo este artículo hay un llamado nacional a pensar como país, sobre todo, en lo relativo al tema del  ahorro energético-económico. Incluso, de forma voluntaria en el Centro Loyola-Reina, el administrador llamó a colaborar con el esfuerzo nacional al apagar equipos en el horario de 11:00 a.m. a 1:00 p.m. Entonces, aprovecho este espacio para preguntar si estamos pensando también como Iglesia universal y cubana que cuenta con los recursos mínimos para su acción pastoral.

Sin ser un regaño, quisiera empezar esta reflexión interpelando a los jóvenes católicos cubanos. Durante dos años fui secretario de la Pastoral Juvenil Ignaciana (PJI) y no fueron pocas las veces en las que compramos pasajes interprovinciales y solo al comenzar el evento nos enterábamos de que algunos muchachos no asistirían. Un jesuita español me decía: “Julio, es criminal tener que perder el dinero del reintegro y alojamiento por muchachos a quienes, como no les cuesta, les da igual.” Durante la pasada JNJ en La Habana, fui testigo de la gran cantidad de comida sobrante por diversos motivos. Con el trabajo que pasamos para conseguir alimentos para las actividades eclesiales, no vendría mal un poco de conciencia y al menos decir con tiempo: “No voy a comer hoy”.  Cualquier recurso que se aproveche, en Cuba, siempre será mucho.

Por otra parte, y esto quizás debamos aprender a manejarlo con una mejor comunicación parroquial, en una de las comunidades que visitaba como animador vicarial de pastoral juvenil, el párroco durante los avisos decía a la comunidad que, gracias a la ayuda  conseguida del exterior por él, se podría realizar ese año una festa de Navidad, pues con el pesito que casi todos echaban en la cesta de las ofrendas no alcanzaba ni para pagar la luz y el teléfono. Entiendo que a veces el pueblo de Dios no aporta lo sufciente para el sostenimiento de las obras y que se puede dar más, empezando por mí; pero, ¿no es acaso mejor tratar de estimular, con acciones concretas de visibilidad sobre los proyectos, un mayor aporte comunitario?

Son pocas las veces en que se nos dice a los laicos en qué se invierte nuestro ínfmo aporte semanal. En ocasiones, se ha extendido el paternalismo nacional a todas nuestras acciones pastorales y debemos ir pensando que el dinero del exterior no puede ser la única solución. Recuerdo aquellas anécdotas de personas dando unas libritas de arroz y azúcar para poder hacer convivencias en Peñalver.

Económicamente somos una Iglesia de “limosnas”, pero no debemos ignorar que tuvo para Jesús mayor valor lo que pudo aportar aquella pobre viuda, aunque los demás hubieran dado cien veces más. Solo digo que
pensar como Iglesia debe interpelarnos también a cuidar de forma interna nuestros recursos y potenciar el esfuerzo comunitario por hacer cada proyecto autosostenible,sin depender de un dinero exterior que, al parecer, puede ir en disminución por las propias dinámicas mundiales de grandes crisis económicas en los países donantes.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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