María-José-y-niño-Jesús

 

Navidad o Pascua de Navidad (del latín natívitas, ‘nacimiento′) es la segunda época del calendario litúrgico, que va del atardecer del 24 de diciembre hasta el Bautismo de Jesucristo, domingo después de Reyes. La Iglesia católica, la anglicana, como algunas protestantes y ortodoxas celebran el 25 de  diciembre el nacimiento de Jesús, una de las tres festividades claves del cristianismo, junto a la Pascua de Resurrección y Pentecostés.

En Cuba, su celebración se inicia en el siglo XVI. La revolución triunfante en 1959, inicialmente bien vista por la jerarquía católica, tuvo un pronto acercamiento al bloque soviético, entonces presidido por la  filosofía marxista y una descalifcación de lo religioso, lo que provocó fsuras y tensiones crecientes entre Iglesia y Estado. La Navidad fue relegada por el aparato gubernamental con justifcaciones económicas y por las movilizaciones a las actividades agrícolas y las zafras azucareras.

El lugar de las festividades de Noche Buena (24 de diciembre), día para esperar y compartir en familia el nacimiento de Jesús, con la misa del Gallo (medianoche del 24) y la Navidad (25 de diciembre) fue siendo ocupado por las festividades revolucionarias del 26 de julio, de diferente signifcación. Las escaseces, la limitación del transporte, la política antirreligiosa del Estado y la suspensión de las vacaciones escolares de fin de año coadyuvaron a tal suplantación. ¿Cómo se encontrarían las familias cubanas para celebrar la Navidad, sin transporte, sin insumos, los hijos en
clase y los obreros y adultos movilizados para labores agrícolas?

En los años 60 y 70, la celebración de la Navidad era vista como un acto desafecto o de protesta. Muchas familias, unidas al sentir de la Iglesia y según sus posibilidades y limitaciones, no dejaron morir la Navidad. Finalmente a partir de la visita de San Juan Pablo II al país en enero de 1998, se rescató el 25 de diciembre como feriado nacional, fruto concreto de la reconciliación promovida por la Iglesia.

Las festividades navideñas forman parte de nuestra cultura y de nuestra formación como nación. Son un derecho que asiste a la población católica y al conjunto de iglesias cristianas. El Estado, que garantiza las condiciones para las festividades patrióticas y civiles, dio el paso de instituir el feriado para las  celebraciones navideñas en reconocimiento del hondo arraigo en la población cubana, que se siente convocada a celebrar la festa originada por la memoria del nacimiento de Jesús.

Navidad es momento de encuentros, abrazos, reconciliaciones, convivencia familiar y hermandad, actitudes que caracterizan las relaciones entre los cubanos, para bien de la Casa Cuba con que soñamos. El Espíritu Santo seguirá soplando en Cuba y la Navidad se afanzará como fiesta compartida por la inmensa mayoría de la nación, porque, como tradición cristiana y cultural, expresa nuestros más genuinos valores espirituales y religiosos. ¡Sin miedo, abramos nuestros corazones al Evangelio de Cristo, que nunca será una amenaza para ningún proyecto social genuino! Así nos lo pidió San Juan Pablo II.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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