Dios-se-hace-Caridad-en-CubDoña Caridad es una señora mayor, ajada por los años y con el rostro oscuro y arrugado por la caricia violenta del sol cubano. Su vida es sus patos, sus gallinas y sus pollos. También sus hijos, pero varios de ellos salieron del país hace años. Vive en las afueras de una ciudad que fue ganadera y representa a quienes se fueron de Oriente con sus familias buscando otro lugar donde asentarse.

Doña Caridad tiene que caminar varios kilómetros o esperar horas a que pase la guagua para ir por el arroz o los frijoles de la cuota, pues el mensajero habitualmente está enfermo.

Su vida es muy sencilla. Cuando uno va a su casa, no tiene mucho que ofrecer, más que una conversación y un gran abrazo ¡Qué abrazos los de doña Caridad! Te hacen saltar las lágrimas, sentir en casa y te invitan a sentarte junto a ella en un balance y escuchar sus cuentos.

Doña Caridad ama a Dios, confía en Él y disfruta de la vida que tiene. Ella me enseñó que las colas pueden ser lugar de encuentro con Dios cuando uno se pone a la escucha, cuando comparte historias, ríe y siente con sus vecinos.

Dice “¡Ay, mi madre, se pasa trabajo en esas colas!”; pero se preocupa por la gente, y en esos lugares que pueden ser pesados, calurosos, ella pregunta, escucha y se lleva a casa un puñado de vidas e historias que poner en oración delante del Señor.

No debemos negar ni ocultar lo que está mal, lo que sufre la gente en esas colas. Pero con una mirada profunda podemos encontrar a Dios emergiendo de diferentes maneras. En vez de ir escuchando mis audífonos o pensando en cómo colarme, puedo acercarme al otro, a la otra, con una mirada de ternura, de cariño y saber que aquel o aquella que está delante de mí, también es terreno sagrado.

El sufrimiento, la muerte o el sinsentido son tentaciones que día a día amenazan nuestra vida en esta isla. Sin embargo, podemos acercarnos con una mirada pascual y descubrir que nuestro Dios es un Dios de la vida, un Dios de la esperanza y que, por muy mal que esté la cosa, siempre podremos mirar al otro y abrazarlo como hace doña Caridad, sin esperar nada, tan solo dando amor, ofreciendo cariño y escuchando los dolores y alegrías de aquellos que nos rodean.

Sería bueno que los religiosos, sacerdotes y religiosas hiciéramos más colas junto al pueblo cubano para así, con una mirada profunda, poder hablar desde y hacia el Dios de la vida que hoy se encarna en Cuba.

Sirva este breve escrito para homenajear a todas esas madres, abuelas y esposas que me han ayudado a encontrar a Dios en medio y a través del pueblo cubano. Que el Señor las siga bendiciendo para ayudarnos a entender que la última palabra no la puede tener el sinsentido, sino el amor y la ternura.

Ora con la Palabra

 

Domingo 8 de diciembre: II de Adviento

 

Mt 3,1-12

“...después de mí viene uno con más poder que yo...”.

Lunes: Inmaculada Concepción de la Stma. Virgen María 
Gn 3,9-15.20 / Sal 98 (97) / Ef 1,3-6.11-12 / Lc 1,26-38

“...Alégrate, llena de gracia...”.

Martes:  Is 40,1-11 / Sal 96 (95) / Mt 18,12-14

“...no quieren que se pierda ni tan solo uno...”.

Miércoles:  Is 40,25-31 / Sal 103 (102) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Jueves: Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América 
Eclo o Sir 24,23-31 / Sal 67 (66) / Lc 1,39-45

“...¡Bendita tú eres entre las mujeres...!”.

Viernes:  Is 48,17-19 / Sal 1 / Mt 11,16-19

“...la sabiduría de Dios no se equivoca...”.

Sábado:  Eclo o Sir 48,1-4.9-11 / Sal 80 (79) / Mt 17,10-13

“...harán sufrir al Hijo del Hombre”.

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