Cultura-de-paz¡Oh tierra, no cubras mi sangre! (16,18)
Del libro de Job

“El terrorismo es la forma violenta de lucha política, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general.Dichos actos se ejecutan por determinadas organizaciones, grupos o de manera individual.” Estas palabras las podemos hallar en cualquier diccionario digital; lo que no vamos a encontrar en ningún escrito es la fórmula para erradicar de raíz este cáncer social que lacera el alma de cualquier ser humano sensible. Escuchamos las noticias por los medios de comunicación y sentimos la tragedia del otro, pero lo que le sucede a ese otro, le puede suceder a cualquiera. Recordemos solo el sabotaje del avión cubano que regresaba de Barbados el 6 de octubre de 1976 y el acto más reciente, el secuestro de dos de nuestros médicos en Kenya.

La destrucción de las torres gemelas, la desaparición de cientos de personas en cualquier parte del mundo, son crímenes que no tienen justifcación posible. A eso se suman las agresiones por problemas existenciales y como resultado de la venta indiscriminada de armas de fuego. Leí en una revista que cuando sucedieron los hechos del 11 de septiembre en Nueva York, una mujer de izquierda, víctima ella también por la desaparición de su hijo(a), declaró en una de sus intervenciones su alegría por este pavoroso hecho. Qué pena, qué desacierto responder con violencia a la violencia, cuando más que nunca necesitamos una educación basada en una cultura de paz, donde la única fuerza desarmante sea el amor.

El
enfrentamiento es una manera de vivir que hace muchos años hemos incorporado a la vida diaria cubana. En su ensayo “La confesión: género literario y método”, María Zambrano escribe: “Nada, apenas nada sabemos de este mundo; es el mundo de la intimidad sin palabras, […] donde debe encontrarse la raíz de toda guerra, donde la paz no es cosa de pactos ni de compromisos, pues no es cosa de derechos ni leyes, sino de una silenciosa armonía que, una vez destruida, es ingobernable tumulto, rebeldía sin término, discordia.”

Es necesario atender a las circunstancias de nuestro tiempo.“La atención, en estado puro, es plegaria”. Cristo indicó a sus apóstoles como fuente de gracia: “Vigilen y oren, para que no caigan en tentación.” Esa imantación hacia el bien, o estado de disponibilidad para la gracia, para la espera, forma la más primaria esperanza, pero no tan pasiva como aparenta. Más que oponerse al mal, el bien actúa a un nivel más alto. El amor, de acuerdo a la poetisa Fina García Marruz, no es una reacción, sino una acción libre, un acto. Cuando eso ocurre, la fe pasa la apuesta de la no intervención divina. El apoyo de Dios no está en lo visible; está y deberá estar en lo invisible.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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