Monseñor-Carlos-Manuel-de-CA Mons. Carlos Manuel de Céspedes lo sigo considerando mi párroco. Le suelo dedicar alguna conferencia
en los cursos sobre “Historia de las religiones” que imparto en la Universidad de La Habana desde 1979.

Lo conocí a su regreso de Roma, donde estudió en la Universidad Gregoriana, y se ordenó sacerdote en 1961, lo que le permitió estar presente al iniciarse el Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.

Lo entrevisté en la Iglesia de Jesús del Monte, donde ofciaba misa a un costado del templo por el estado deplorable de la construcción. Sin consultarle, fui a ver al Dr. José Felipe Carneado, quien atendía los asuntos religiosos por la dirección política revolucionaria y a quien había conocido como director de la agencia de noticias “Prensa Latina”.

Le conté a Carneado la situación del templo donde Mons. Carlos ofciaba misa y recuerdo haberle preguntado “si querían matar a alguno de los curas dispuestos al diálogo con la Revolución”, a lo que reaccionó intempestivamente. Con él, como con Monseñor Carlos, siempre hablé con mucha franqueza, incluso sobre temáticas como cristianismo y marxismo.

Monseñor Carlos fue una fgura clave en el proceso de diálogo entre la Iglesia y el Estado. De esto son testigos sus Obras Completas, publicadas por Ediciones Boloña en el año 2012, por iniciativa de los padres dominicos. Uno de estos, fray Jesús Espeja, diría de él: “Escucha con respeto y es capaz de revisar sus propios puntos de vista.”

Mons. Carlos puntualizó en una ocasión: “El hombre cubano de hoy, que hunde sus raíces en el ayer y proyecta ya un mañana de contornos inciertos, es el camino de la Iglesia en Cuba”, y añadió que “la supervivencia de lo mejor de la Revolución no me preocupa; me preocupa, como a todo el mundo, que se vaya deteriorando.”

Reconozco que una vez me sorprendió cuando me calificó de “católico renegado” en una conversación con el profesor argentino Enrique Dussel, quien organizaba el primer curso extenso sobre “Historia de la Iglesia en Latinoamérica”, realizado en México en 1980 y al que asistí junto al pastor metodista José Garrido.

A mi regreso de México, me reuní muchas veces con Mons. Carlos, en especial, cuando asumió la parroquia de San Agustín, en el municipio de Playa. Como periodista me impactaron sobremanera las conferencias de prensa que realizó en el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC, 1986), evento que calificó de “acontecimiento decisivo” en el “nuevo rumbo de la Iglesia en Cuba”.

Valoró altamente la misión específca del laico en la Iglesia cubana; así se expresó: “En Cuba la Iglesia vive su ocasión propicia a la reconciliación con Dios y entre personas de un mismo pueblo, divididas por razones de fe, por motivaciones socio-políticas o por diversas concepciones flosófcas.” Siempre insistió en “la necesidad del diálogo reconciliador”. Mons. Carlos fue, sin dudas, un cura de diálogo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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