DespiertosWebEl tiempo ordinario termina con la fiesta de Cristo Rey. Esta celebración recoge todo el misterio de Jesús en su vida pública, incluyendo su muerte y resurrección y mira más allá, al final de la historia. El tiempo de Adviento comienza en ese mismo tono. El primer domingo es como una bisagra: anticipa lo nuevo, la promesa de la salvación que viene, y mira hacia el final apocalíptico de la historia.

En medio de las catástrofes anunciadas, la aparición de Jesús representa la llegada de la liberación. La respuesta a esta llegada es la vigilancia. Levanten la cabeza. No permitan que se les embote la mente con los agobios de la vida.

Se trata de estar siempre despiertos, en actitud alerta, vigilante. Esta vigilancia no es tensa ni ansiosa. La preocupación y la angustia resultan del temor a que nuestros recursos y fuerzas no sean suficientes para enfrentar los retos y obstáculos, tanto los reales como los que imaginamos y engrandecemos por el miedo.

Nuestra vigilancia nace de una promesa. En eso está su fortaleza y su debilidad. La fuerza viene de la fidelidad de Dios y de su inquebrantable amor por nosotros. La debilidad viene de nuestra impotencia para controlar los resultados que deseamos. No está en nuestra mano manejar lo que las personas a nuestro alrededor hacen o dejan de hacer. Ni siquiera estamos seguros de poder manejar siempre nuestros propios actos como quisiéramos. Lo que nos toca es la disponibilidad. La capacidad de dejarnos sorprender por la inagotable creatividad de Dios.
Nuestras vigilancias y esperanzas tienen contenidos muy concretos. Lamentablemente, muchas veces están limitados por nuestra poca capacidad de soñar alternativas. Reducimos nuestra apertura a Dios con la pobreza de nuestras peticiones y expectativas.

La esperanza del Adviento y su vigilancia desbordan nuestra capacidad de desear y de pedir. Gracias a Dios. Nunca hubiéramos podido soñar el Salvador que Dios nos envió.
Lo contrario del estar despiertos es la somnolencia, el embotamiento de nuestras mentes producido por la saturación de estímulos y ofertas que nos llegan de fuera ofreciendo paraísos inalcanzables. Esa somnolencia es una pobre imitación de la paz. Es letargo.

Hay ofertas religiosas que sufren un poco de esa somnolencia. Nos reducen a la condición de espectadores pasivos. La vigilancia y la esperanza del Adviento desarrollan al máximo nuestras capacidades de soñar y de crear. Vigilamos obrando.

EL RETOÑO DE DAVID
(Jr 33, 14-16)
 Un servidor obediente
era el padre de Jesé:
de David abuelo fue,
hijo de Rut la creyente.
Se llama Obed el pariente
de David y Salomón.
Otro, de real condición,
será su justo heredero,
y reinará en el madero
de su gloriosa pasión.

 Este Rey de la justicia,
de la paz y del derecho,
posee dentro del pecho
un corazón sin codicia.
Nos da su Buena Noticia
del amor y la verdad.
Caminos de lealtad
enseña a los seguidores,
perdona a los pecadores
y les muestra su bondad.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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