reinaServicioWebLa fiesta de Cristo Rey marca el fin del año litúrgico con la presentación de un resumen de nuestra esperanza en Jesús, a la luz de lo contemplado sobre su vida, palabras y hechos desde Adviento 2017.

El tema de la realeza de Jesús, sorprendentemente, se presenta en una escena ocurrida en la víspera de su crucifixión. Preso e indefenso, es interrogado por Pilato, gobernador civil, tras su condena por el Sanedrín.

El evangelista Juan ve el proceso que vive Jesús camino de la cruz, no como una tragedia en que el inocente es ajusticiado, ni como una fatalidad impuesta. Al contrario, lo percibe como el avance victorioso de su amor por la humanidad, que culminará en la cruz. No hay amor más grande que el que Dios nos mostró en Jesús crucificado. Esa victoria se hace patente en la resurrección de Jesús, pero, para Juan, ya acontece desde el momento de la crucifixión.

Así, en la persona de Jesús no afloran los signos de una lucha desesperada por la supervivencia, sino una paz “soberana”, como la de quien avanza en terreno peligroso con plena confianza, consciente de las fuerzas amenazantes que se mueven a su alrededor en busca de su eliminación, mas sin perder la serenidad.

Es Pilato quien plantea la condición de rey de Jesús. Este se reconoce como tal, pero sus ideas difieren radicalmente. Para Jesús, reinar no es dominar, sino vivir una relación de misericordia y responsabilidad con toda la humanidad: “Mi reino no es de este mundo”. En su amor hacia nosotros no cabe el interés por defender un territorio, una organización política o un status quo. Más que reino, pudiéramos hablar de un reinado, es decir, una alianza de responsabilidad y servicio, de cuidado personal de cada uno, especialmente de los más débiles. Jesús reina cuando sirve, como al lavar los pies de sus discípulos.

Pero, ese testimonio de la buena noticia choca con la realidad de pecado de este mundo y desemboca en la realidad dolorosa de la cruz. Ahí se proclama hasta dónde es capaz de llegar el Hijo con tal de dar testimonio de la verdad más absoluta: Dios nos amó primero.

Terminamos el año litúrgico con un compás de esperanza: esperamos que el Hijo entregado por amor vuelva para visibilizar la obra que ha realizado su gracia en cada corazón humano a lo largo de la historia. ¡Ven, Señor Jesús!

CRISTO REY VENCEDOR
(Dan 7, 13-14)
 Sobre las nubes del cielo
vimos llegar al Mesías,
cuando al final de los días
nos traía su consuelo.
Dejaremos nuestro duelo
y acogeremos su vida.
Con la corona ceñida
llega el Rey resplandeciente,
mas su gloria omnipotente
de clemencia está vestida.

 A nuestro Rey, el Señor,
lo adorna la santidad
que brilla por la humildad
encendida en el Amor.
No existe más el temor
en este Reino de gracia,
donde tenemos la audacia
de luchar por la justicia
y de vivir sin malicia,
ni mentiras, ni falacia.

   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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