El-que-me-come-vivirá-por-m

Comer es una actividad esencial para la supervivencia. No solamente satisface una necesidad vital (comer para vivir): casi siempre comer es una actividad que compartimos con otras personas. Satisface, por tanto, otras necesidades además de la alimentación necesaria para la vida.

La cultura contemporánea, preocupada por el cuidado de la salud, nos ha hecho conscientes de la necesidad de comer sensatamente. No todo lo que me apetece comer es necesariamente bueno para mí. Además del cuidado de qué comemos, hace falta cuidar el cuánto y el cómo de nuestra alimentación.

¿A qué viene esta introducción gastronómica? Llevamos varios domingos escuchando en la lectura de los evangelios de la misa el discurso sobre el pan de la vida, el pan bajado del cielo, que pronuncia Jesús después de la multiplicación de los panes y los peces. Una y otra vez insiste Jesús en la necesidad que tenemos del pan que baja del cielo, el verdadero pan del cielo. Al identificarse como el verdadero pan que nos da el Padre, Jesús hace la chocante invitación a comer su carne y beber su sangre. Dice Jesús que el que lo coma "vivirá por Él".

En esa invitación se unen muchos elementos que forman parte de la experiencia humana de "comer". Está el qué: afirma Jesús que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida. Al recibir en la Eucaristía la hostia consagrada, afirma la fe de la Iglesia que Jesús se hace verdaderamente presente en este sacramento. No es este el lugar adecuado ni poseo la suficiente profundidad teológica para entrar en un tratamiento del misterio de la presencia eucarística de Jesús resucitado. Aceptamos en espíritu eclesial de fe que es realmente a Jesús que recibimos en la comunión.

Además del qué, el discurso de Jesús sobre el verdadero pan del cielo apunta a otra dimensión clave del "comer" humano: el con quiénes comemos. La Eucaristía no es un sacramento individualista. Es experiencia de comunión no solamente con Jesús sino entre nosotros. Al recibir a Jesús en la comunión nos unimos también a nuestros hermanos y hermanas. La doctrina del Cuerpo Místico de Jesús alcanza su máxima densidad en este momento de la comunión compartida. Por eso insiste San Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 11, en la necesidad de discernir y respetar el cuerpo solidario de Jesús (el cómo de la experiencia eucarística).

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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