dejaTodoySiguemeWebCamino de Jerusalén, Jesús encuentra a un hombre singular. Este no busca curación corporal ni espiritual. Llega con una pregunta sobre “lo último” de su existencia: “¿qué haré para heredar la vida eterna?”. En Jesús espera encontrar al maestro bueno que le dé la respuesta buscada.

El Señor lo envía a la vía habitual, al mínimo requerido para alcanzar la meta de la vida eterna: observar los mandamientos. Sin estos, no hay acceso. Ante la respuesta del joven –“todo eso lo he cumplido desde niño”- Jesús lo mira con el cariño que suscita el encuentro con quien parece portar aspiraciones profundas. ¿Qué llamado experimenta este joven?

Jesús lleva entonces el intercambio doctrinal al plano del diálogo vocacional: “Una cosa te falta…” Y siguen 5 verbos de seguimiento: “Anda, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.” Los cuatro primeros posibilitan el seguimiento final. Se abre un paisaje nuevo: no sólo alcanzar la vida eterna, sino vivir al modo de Jesús, plantear la existencia al servicio de los otros, poner la atención en sus necesidades, asumir la misión de ser buena noticia para los demás. Es un desafío absoluto, un cambio integral de perspectiva. Más allá de lograr una meta apetecible, se trata de convertirse en camino y compañía para los caminantes.

La radicalidad de la invitación devela lo que el joven lleva en su interior. Frunce el ceño y se aleja pesaroso, arrastrado por el peso que lo ata: es rico. No cuenta con la libertad espiritual necesaria para relativizar su bienestar y permanece encadenado a sus propios intereses. No se decide a entregar la vida al servicio del Reino y, así, se priva de la gran alegría que el seguir a Jesús pone en el corazón; tampoco sabrá cómo su vida habría podido poblarse de nuevas relaciones y posibilidades para la misión.

Dio la espalda al desafío y se alejó de la sonrisa que había suscitado en el Maestro. En el fondo, no andaba en busca de un sentido más profundo y luminoso para su vida. Su interés no iba más allá de asegurar un activo más entre sus propiedades, quizás el que menos podía controlar, la vida eterna. Se contentaba con tener un poco más de seguridad espiritual, que acompañara la seguridad material de que ya disfrutaba. Una vida sin riesgos previsibles, una póliza de seguro para la vida eterna.

FULGOR DE SABIDURÍA
(Sab 7, 7-11)
 Supliqué por la prudencia
y pedí sabiduría,
junto al don de la alegría,
el consejo, la paciencia…
Es superior a la ciencia
y mejor que la riqueza.
Las galas de la belleza,
la luz de piedras preciosas
no son tan esplendorosas
ni tienen tanta grandeza.

 Si la prudencia se aplica,
con un corazón sensato,
y se evita el desacato
a la ley que Dios indica;
se obtendrá cosecha rica
de sapiencia en su fulgor,
pues el sabio da esplendor
con la luz de su concordia
y obras de misericordia
por las que obtiene favor.

     Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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