corazonWebJesús no tiene dificultad con las leyes sanitarias de su tiempo. Es prudente tener en cuenta las precauciones que demandaban esas leyes. Lavarse las manos es una costumbre sana; lo mismo que el lavar bien los platos y las ollas.

El reparo de Jesús está en la incoherencia entre preocuparse por las impurezas que vienen de fuera y no atender a aquellas que salen de dentro. La impureza legal, consecuencia de no observar las leyes sanitarias, es infinitamente menos peligrosa que la impureza provocada por los serios desórdenes que anidan en el corazón humano.

Antes de que se conviertan en actos externos, en nuestro corazón se mueven malos propósitos, envidias, lujurias, desenfrenos, orgullos, frivolidades; dinamismos todos destructores de nosotros mismos y de otras personas, fuentes de las verdaderas impurezas.

La inconsecuencia que le molesta a Jesús va más allá de su discusión con los fariseos por las leyes sanitarias. El problema más amplio es el de la falta de proporción en nuestras evaluaciones, no solamente en la evaluación moral. Por ejemplo, nos incomodamos cuando al celebrar liturgias le damos más importancia a los detalles de errores en la ubicación de velas, en la ejecución de movimientos en el altar, en las vestimentas litúrgicas, etc., que a nuestra actitud interior de devoción y atención a la experiencia de Dios. Asimismo, nos preocupamos más de nuestra apariencia exterior que de nuestro orden interior. Nos importa más lucir bien que estar bien.

En la exhortación ‘La alegría del Evangelio’, el papa Francisco nos invita a respetar la jerarquía de importancias en los temas de predicación. Cuando hablamos más de la Iglesia y menos de Jesucristo, más de malos pensamientos y menos de solidaridades, más de la ley que de la gracia, más del papado que de la Palabra de Dios, pecamos en la inconsecuencia criticada por Jesús.

Esta invitación de Jesús incluye también respetar la primacía de unas virtudes sobre otras. No existe virtud más importante en nuestro seguimiento de Jesús que la misericordia. La formulación de Lucas difiere de la de Mateo. En vez de “Sean perfectos como Dios es perfecto”, se nos dice: “Sean misericordiosos como Dios es misericordioso”. No hay contradicción: la perfección de Dios es su misericordia.

EL MANDATO DEL SEÑOR
(Deut 4, 1-2.6-8)

 Escucha mis mandamientos,
dijo el Señor a Israel,
que todo el pueblo sea fiel
sobre sólidos cimientos.
Conocen mis sentimientos
cuando les doy mis decretos.
Pues nunca guarda secretos
mi amorosa compasión,
y me entrego con pasión
a corazones discretos.

 Demuestra su inteligencia
quien practica la justicia,
y cultiva sin malicia
la belleza de la ciencia.
Pues quien sigue su conciencia
buscando el bien con verdad,
alcanzará la humildad
y tendrá sabiduría
cumpliendo con alegría
del Señor la voluntad.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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