palabrasVidaEternaWebLa escena evangélica se halla al final del discurso del pan de vida en el capítulo 6º de Juan. Llega tras un diálogo tenso y conflictivo con los representantes de la religión judía. Jesús defiende su origen, su condición de Hijo bajado del cielo y pide una adhesión profunda -hasta el punto de “comer su carne”- a quien quiera seguirlo. Los judíos se rebelan ante estas pretensiones. El escándalo se propaga al grupo de discípulos y la crisis repercute en los apóstoles.

Jesús percibe la situación y decide afrontarla: “¿También ustedes quieren marcharse?” Su misión no depende de su popularidad. Conoce el rechazo y sabe que habrá más. Fue enviado por el Padre para llevarnos al terreno de “la verdad”, la misericordia de Dios hacia su pueblo. Para llegar a la realidad de Dios hay que pasar por la persona de Jesús, fiel a la verdad escuchada.

La crisis que experimentan los apóstoles invade sus corazones y cuestiona radicalmente su seguimiento. ¿Seguiremos al que multiplicó los panes, pero luego se retiró al monte por no ser rey? ¿Nos identificamos con quien plantea criterios tan exigentes? ¿Colmaremos el abismo entre lo que pensábamos de Él y lo que ahora escuchamos?

Con Jesús siempre hay transparencia. Por eso advierte que “la carne” sola, la condición débil del ser humano, no tiene la fuerza que pide su seguimiento. Nuestro amor, dejado a sus fuerzas, es débil e inconstante; la aventura del discipulado, vivida en solitario, naufraga sin tocar orilla. “El espíritu es quien da vida”. Jesús remite al Espíritu que lo mueve en su misión. Él lo inspira y enseña a no enredarse con los rechazos y a avanzar con esperanza. Con su impulso el apóstol puede cansarse, pero nunca inútilmente. Todo lo vivido por vía del Espíritu y al estilo de Jesús es provechoso.

“¿A quién iremos?” La confesión de Pedro viene a los labios siempre que nos afecta una crisis. Miramos y no aparece quien nos aporte la magnitud de sentido, coherencia y perspectiva de Jesús. Pedro concluye: “Creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.” Ahí resuena el eco de la misión originaria que hizo a Jesús presente entre nosotros, su condición de Hijo, de pan bajado del cielo, que un día nos hará llamará a su lado para vivir junto al Padre por siempre. Con Pedro respondemos: “Sí, creemos”.

EL DIOS VERDADERO
(Jos 24, 1-2.15-18)

 ¿A qué Dios hay que servir?,
preguntaba Josué
al infiel pueblo que fue
siervo para redimir.
Y Dios ayudó a salir
de Egipto a su pueblo infiel.
Pronto responde Israel,
con corazón bien sincero:
“dejaré al ídolo fiero
y solo a Dios seré fiel”.

 Todos tenemos memoria
de buscar ídolos falsos
y aparentar ser muy mansos
para obtener la victoria. 
Mas no obtendremos la gloria
sin tener Dios verdadero
y dejar dios forastero,
que nos dará muchos males
y ofrecerá los mortales
remedios de un extranjero.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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