nadieEsProfetaTierraWebTras haber anunciado la Buena Noticia por Galilea, Jesús siente llegado el momento de visitar su propio pueblo, Nazaret. Allá se dirige con espíritu abierto de evangelizador.

Sus coterráneos han oído lo que se dice de Él por el norte del país. Al verlo aparecer con sus discípulos y escuchar sus palabras, se asombran. Encuentran en Jesús una expresividad desconocida y autoridad en su mensaje. Pero, no alcanzan a compaginar lo anterior con la nueva evidencia. Optan mejor por afirmarse, pues, en su opinión de siempre, saben para qué da Jesús.

 Durante los 30 años en Nazaret, Jesús había madurado humanamente y en la escucha de la voz de Dios hasta ser llamado a bautizarse. En el Jordán, el Espíritu Santo se derramó y lo hizo crecer en comunión y disponibilidad hacia su Padre.

Sin embargo, los vecinos siguen en la página anterior: hojean las instantáneas de Jesús pastoreando animales, trabajando con José o buscando agua. No imaginan cómo el Reino creció en su corazón. Han congelado a Jesús en su pasado anónimo. No logran llegar al diálogo entre maestro y discípulo, ni siquiera al de personas que hablan de buena fe. Pasan del asombro al escándalo y de ahí al desprecio. Se quedan en el carrusel de opiniones del vecindario sin abrirse al “conocimiento interno del Señor”, de que habla San Ignacio de Loyola.

Los nazarenos habrían “cambiado el chip” si Jesús, en lugar de comunicar con sencillez y alegría una buena noticia, hubiera llegado con galones  militares o con milagros asombrosos.
Jesús se extrañó. No esperaba tal cerrazón porque llegó sin prejuicios ni ínfulas de superioridad. Pero, ante la desconfianza, el Espíritu de Dios se inhibe. La fe ni se impone ni se decreta. El bloqueo de los nazarenos imposibilita dar algún signo de su misión. Solo curará a algunos enfermos con quienes habló de corazón a corazón.

Seguir hoy a Jesús como discípulos implica caminar bajo el escrutinio de un mundo que gusta de hojear los álbumes del pasado y la cartelera de espectáculos, pero rehúye el conocimiento interno y la verdad que brotan de la comunión.

El discípulo de Jesús sabe que encontrará alegría si atiende a lo que el Espíritu le habla en el corazón y mantiene el rumbo de su vocación profética. Va detrás de aquel que, tras el revés de Nazaret, lejos de desanimarse, “recorría los pueblos de alrededor enseñando”.

PUEBLO REBELDE
(Ez 2, 2-5)

 
Israel: pueblo obstinado
que asesina a los profetas
disfrazado con caretas
de fariseo asombrado.
El Mesías esperado
establece su justicia,
y da la buena noticia
de que el pueblo testarudo,
sin más caretas ni escudo,
del perdón se beneficia.

 Si el Señor es ofendido,
a sus hijos quiere tanto
que los consuela en el llanto,
pues con ellos ha sufrido.
Somos su Pueblo elegido,
que también hemos pecado.
Pero Dios ha perdonado
las injurias y traición
porque tiene compasión
de su pueblo acongojado.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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