juanWebDios mira nuestra historia, no con indolencia, sino con interés. Él interviene en la aventura humana cuando esta necesita revitalizarse o replantearse su dirección: ¿hacia dónde vamos? El Espíritu de Dios sabe cómo actuar en nuestra vida sin predeterminarla ni dejar fuera nuestra libertad. En cada época, a través de creyentes y personas de buena voluntad, el Espíritu inspira la acción humana para que la benevolencia de Dios se haga presente en la vida de todos.

La intervención más decisiva de Dios en nuestra historia la realizó a través de Jesucristo, su Palabra encarnada. Lo hizo sin improvisación, pues todo lo importante requiere de preparación. Dios quiso que la venida de su Hijo fuera precedida por una figura de gran calidad humana y hondura espiritual: Juan Bautista, un hombre capaz de ayudarnos a recibir al Hijo de Dios.  

La concepción y nacimiento de Juan marcaron una ruptura con su época. Nacido de padres mayores, recibió un nombre ajeno al de sus antecesores a fin de expresar la misericordia de Dios hacia su pueblo. Los vecinos, asombrados por las circunstancias de su venida al mundo, se preguntaban por su futuro: ¿qué será cuando crezca y qué representará para nosotros?

A medida que Juan descubre su vocación, se identifica con la novedad que Dios quiere significar a través de su persona. Se aleja de la profesión de su padre, sacerdote, y de la ciudad de Jerusalén, cuyo templo dominaba la escena religiosa del país. En plena juventud, se va al desierto para rehacer la experiencia de su pueblo al salir de Egipto. Deja de lado las comodidades de la vida urbana para ir a hablar con Dios en el desierto cara a cara y con un corazón transparente.       

A través de todas las rupturas que debió realizar en su vida, logró abrirse al Espíritu de Dios y madurar en la misión encomendada. Su vida llegó a tener la calidad profética de quien toma en serio la invitación de Dios. Con fidelidad y humildad, supo encontrar su papel y mantenerse fiel, obviando todas las tentaciones que se le ofrecieron para distanciarse de Jesús o suplantarlo.

El testimonio de Juan es una invitación a que la Iglesia sepa abrirse a las iniciativas del Espíritu de Dios y no quedarse encerrada en costumbres y tradiciones. Es una invitación a salir a preparar los caminos del Señor en medio de su pueblo.

 SERÁS LUZ DE LAS NACIONES (Is 49, 1-6)

Ya desde el seno materno
te santifica el Señor
y te hace precursor
del Enviado paterno.
Tienes el designio eterno
de ser una voz que clama
y en el desierto proclama:
“conviertan sus corazones
y brillará en las naciones
el profeta que Dios ama.”

 Con tu lumbre abrasadora
extenderás por la tierra
ese fuego al que se aferra
la justicia salvadora.
Y cuando llegue la hora
del Mesías esperado,
tú serás engalanado
con la corona de flores,
apasionado de amores
y profeta consumado.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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