cuerpoSangreLa Última Cena de Jesús es un momento de suma densidad en su vida. Tiene lugar en un instante puntual de su historia, pero recoge su pasado, celebra el presente en toda su dureza, y anticipa el futuro glorioso de la Resurrección.

    Pasado: Mucho antes de esta cena, Jesús había compartido su vida como pan. El pan, para poder ser compartido, primero tiene que romperse; para alimentar el espíritu igual que el cuerpo, tiene que ser agradecido y bendecido. Se convierte así en sacramento, señal visible de Jesús: el Pan que ha bajado del cielo para darnos vida. Toda su vida fue un continuo romperse y darse a la gente. La Cena resume así todo su pasado.

    Presente: Es difícil comprender el dramatismo de este encuentro. Jesús es plenamente consciente de las fuerzas que están, ya desde hace mucho tiempo, planeando su muerte. El momento presente está cargado de tensión, de incertidumbre. Se juntan el gozo de la celebración de la Pascua, memoria agradecida de la liberación de Egipto, con el temor que pesa sobre todo el grupo como una nube oscura. Mirando lúcidamente este dramático presente, Jesús lo celebra y lo abre a la esperanza.

    Futuro: La Pasión que se avecina le pedirá a Jesús llevar hasta el extremo el ser pan roto y compartido, el ser sangre derramada. No volverá a compartir el alimento con sus discípulos hasta que no beba el vino nuevo en el Reino de Dios. La Última Cena se proyecta así hacia el futuro, que será la última y definitiva palabra del Padre en el caso de Jesús. Cuando la comunidad cristiana se reúne para obedecer el mandato de Jesús de hacer esta cena en memoria suya, no está simplemente dando culto a la nostalgia; vive su presente en clave de resurrección. Al repetir los gestos y palabras de Jesús en ese Jueves Santo, el Señor se nos hace realmente presente por el poder de su resurrección.

    Pero la celebración del Cuerpo y Sangre de Cristo no estará plenamente realizada hasta que nosotros, seguidores de Jesús, no nos convirtamos también en pan y alimento de nuestros hermanos. Eso significa que también nuestra vida, tomada en nuestras manos, agradecida y bendecida, pueda partirse en el servicio y la entrega, momento a momento, a un mundo hambriento.

CORPUS CHRISTI, ALIANZA DE AMOR
(Ex 24, 3-8)

El sagrado documento
de promesas en Alianza
y una Ley con enseñanza
guardamos cual testamento.
Sentará base y cimiento
para el pueblo del Señor.
Y en esponsales de Amor
Dios siempre sería fiel
aunque el pueblo de Israel
fuese perdiendo el fervor.

Haremos lo que Dios diga,
cumpliremos sus mandatos,
respetaremos los tratos
para que el pacto prosiga.
El Señor con mano amiga
nos guía por el sendero
y se vuelve compañero
para subir hasta el monte
que se ve en el horizonte
como objetivo postrero.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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