pentecostesWebCuando Jesús derramó su Espíritu sobre los discípulos después de la resurrección, empezó un tiempo nuevo en la historia humana. No se puede pensar en una cercanía mayor de Dios.  Cuando Jesús caminaba por Galilea se le podía ver, oír, abrazar, invitarlo a comer en casa. La bondad de Dios que sana y libera era cercana, se expresaba en gestos humanos con acento galileo.

Ahora, ya podemos buscar a Jesús dentro de nosotros y de toda persona. Su memoria sigue viva, sorprende nuestras costumbres y rutinas gastadas cuando acogemos sus signos y palabras como si las estuviésemos estrenando. El Espíritu nos ilumina desde dentro; nos ayuda a comprender de qué manera son vida nueva y sorprendente para nosotros hoy: es el misterio que nos recuerda la fiesta de Pentecostés.

Juan nos dice que el Espíritu es un don del resucitado. Lucas nos ayuda a entrar en este misterio al contarnos lo que sucedió la mañana de Pentecostés. Primeramente, vemos que los discípulos estaban todos reunidos en oración. Los unía la apertura del corazón a Dios y a los que estaban a su lado. La presencia de Dios es expresada con el lenguaje del fuego, que purifica lo contaminado, ilumina en la noche y une los pedazos separados de metal. Es el mismo fuego que vio Moisés en la zarza del desierto, sentía Jeremías en la médula de los huesos y purificó los labios de Isaías. Se posó sobre cada uno porque cada persona es única, y es el mismo en todos pues todos estaban unidos desde sus entrañas  por el mismo Espíritu.  

Los discípulos, antes encogidos y paralizados por el miedo,  se convierten ahora en testigos del resucitado. Han cambiado la clandestinidad por las calles, el silencio por la palabra, la parálisis por el futuro. Dios ha transformado la ignominia y el fracaso de Jesús en vida nueva para todos. Los pueblos de diferentes culturas y lenguas, oyen hablar a los discípulos y comprenden su mensaje. El lenguaje del Espíritu lo entiende todo el mundo, porque es el del Amor que no necesita traducción. Es lo que experimentarán los discípulos cuando salgan hacia diferentes naciones a anunciar la buena noticia del amor de Dios que transforma la realidad entera. Ahora, todos somos destinatarios de esa vida sin fin y sin excluidos.

PENTECOSTÉS
(Hch 2, 1-11)

Después de cincuenta días
termina el tiempo pascual
con el gozo espiritual
desplegado en poesías.
Abundantes alegrías
nos da el Espíritu Santo.
Él consuela nuestro llanto,
es el maestro divino,
compañero de camino,
apoyo en nuestro quebranto.

A los pueblos y naciones
la verdad ha revelado,
es defensor abogado
y nos regala sus dones.
Enciende los corazones
de los fieles con su fuego;
la noche alumbra del ciego,
con sus aguas purifica,
nuestras almas vivifica,
escucha el humilde ruego…

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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