vayanPorElMundoWebLa fiesta de hoy, la Ascensión, abre la semana que nos queda para preparar la celebración de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo.
El evangelio que leemos nos muestra una especie de tríptico, que podemos imaginar como un techo a dos aguas: a un lado, el envío de los apóstoles por Jesús a proclamar el evangelio; del otro, la salida en misión; al centro, la vuelta de Jesús a la gloria del Padre, de donde enviará al Espíritu Santo.

No hay ascensión sin envío. Para Jesús, verse resucitado no se reduce al gozo de volver a sentarse junto a su Padre. Su trayectoria no es la de un héroe que, tras luchar abnegadamente, asciende triunfante al Olimpo para ser coronado. Al entrar en la gloria, quiere confiar su misión a sus discípulos. El futuro de la obra de redención es puesto en manos de los suyos: “Proclamen el evangelio a toda la creación”. Tras el envío, Jesús entra nuevamente  en la comunión plena con su Padre.

No hay ascensión sin envío, tampoco envío sin ascensión. Jesús nos manda a ocupar su lugar en el mundo y ahora entra en la gloria del Padre como el Hijo muy amado. Como pueblo de bautizados, se nos confían las cosas de Jesús: proclamar el evangelio, bautizar, y enfrentar el mal y el pecado que violentan a nuestros hermanos. Pero, no lo lograremos sin contar con Él, con su oración por nosotros y con su Espíritu. Este es quien nos capacita, quien convierte el ejemplo de Jesús en vida nuestra, que nos habilita para actuar en su nombre y a su modo, confirmando con señales de misericordia el servicio humilde que prestamos.   

Si alguien quisiera hacer irrelevante el sacrificio de Jesús y el triunfo de su amor, le bastaría con no salir en misión. No asumir nuestras tareas –en la casa, el trabajo, la calle, el descanso, el estudio– con sentido de misión es poner punto final a lo hecho por Jesús, declarar agotada su misión y reducir su paso entre nosotros a un episodio edificante, a una historia ejemplar más.
Junto a su Padre, Él intercede por nosotros y nos reenvía su Espíritu. No estamos solos ni “por la libre”: estamos acompañados y orientados por el Espíritu del Hijo de Dios. Con nuestras debilidades, somos presencia de Jesús en este mundo, sacramento de su amor a este planeta hermoso y atribulado.

ASCENSIÓN DEL SEÑOR
(Hch 1, 1-11)

El día de la Ascensión
Jesucristo sube al cielo
y nos deja con anhelo
de seguir su elevación.
Obtendrá la salvación
de Jesús todo cristiano
que, transformado en hermano,
viva el misterio pascual
en este orbe terrenal
con gesto cordial y humano.

Se cumple la profecía
en Cristo resucitado
que asciende y es exaltado
con gloriosa maestría.
A nosotros nos envía
a vivir los sacramentos.
Por eso estamos contentos
al anunciar su mensaje,
mientras andamos de viaje
sembrando a los cuatro vientos.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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