emausWebLa crucifixión de Jesús fue un acontecimiento público, un espectáculo con uniformes, soldados, y rituales de muerte, destinado a amedrentar al pueblo, paralizarlo y mantenerlo sometido al poder del imperio romano. Su resurrección fue todo lo contrario: sucedió en el silencio de la sepultura y sin testigos. La experiencia de que Jesús había resucitado era algo inaudito, difícil de comprender y de explicar con las palabras habituales que conocían los discípulos. Él se va manifestando poco a poco a sus amigos, en un proceso lento, que respeta la capacidad de ser asimilado y comprendido por ellos. Así se transformarán en testigos felices y audaces de un acontecimiento que nunca había sucedido y que estremeció todo lo que sabían sobre Dios y su manera de estar presente en medio de nosotros.

Hoy vemos que regresan a la comunidad los dos discípulos que, abrumados por lo que había sucedido con Jesús, tratando de entender y compartiendo su dolor, se habían alejado de Jerusalén hacia Emaús. En medio del camino, se les unió un desconocido. Al conversar con él y compartir el pan, se dieron cuenta de que Jesús caminaba con ellos, pero ahora en una forma nueva de presencia.  

Es en la comunidad, donde la experiencia individual del resucitado que habían tenido las mujeres, María Magdalena, y también Pedro, se comprendió en todo su significado. Jesús mismo se hizo presente cuando estaban reunidos. Nadie lo esperaba. Todos se asustaron. Poco a poco van percibiendo que no estaban ante una experiencia religiosa cualquiera, sino que era el Jesús crucificado que llevaba en su cuerpo las cicatrices de la lanza y de los clavos. Comprendieron también cómo las Escrituras se referían al Mesías, el Hijo encarnado de Dios. Tan fuerte fue la experiencia que los discípulos se transformaron completamente y se convirtieron en testigos de que Jesús había resucitado.

Jesús sale al encuentro de cada persona donde esta se halle: en caminos, campos, lagos, etc. En esa experiencia personal, adaptada a lo que cada uno es, nace un impulso que conduce a la comunidad. Al compartir cada cual lo que ha vivido, todo se comprende mejor: los seguidores de Jesús sentimos que nuestra fe se fortalece. Así, nos convertimos en testigos alegres de que hay un Amor que lo dinamiza todo y es más fuerte que las opresiones y las muertes.

EL AUTOR DE LA VIDA
(Hch 3, 13-15.17-19)

“Jesucristo es el Señor”,
predica Pedro a la gente;
Dios se ha mostrado clemente
al darnos un Salvador.
De la vida es el autor
un Siervo crucificado.
En una cruz fue clavado
para darnos redención,
y nos concede el perdón
el Cristo resucitado.

El Mesías prometido,
que en Belén vino a nacer,
quiso en la cruz padecer,
y su misión ha cumplido.
Un corazón convertido
podrá vivir el amor,
y tendrá por defensor
a este Jesús llagado
que reina glorificado
con eterno resplandor.

    Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de septiembre: XXIV del Tiempo Ordinario

 

Lc 15,1-32

“...estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”

Lunes: 1 Tim 2,1-8 / Sal 28 (27) / Lc 7,1-10

“...ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande”.

Martes:  1 Tim 3,1-13 / Sal 101 (100) / Lc 7,11-17

“...Es un gran profeta el que nos ha llegado”.

Miércoles:  1 Tim 3,14-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,31-35

“...la reconocen en su manera de actuar”.

Jueves:  1 Tim 4,12-16 / Sal 111 (110) / Lc 7,36-50

“...Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Viernes:  1 Tim 6,2c-12 / Sal 49 (48) / Lc 8,1-13

“...ustedes tienen oídos para oír”.

Sábado: Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

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