No-sabemos-dónde-lo-habrán-El primer anuncio de la Resurrección de Jesús tiene un contenido negativo. No dice “Resucitó”, sino, “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Es la primera lectura que provoca en María Magdalena la piedra quitada de la entrada del sepulcro. La tumba vacía se abre a toda una variedad de interpretaciones.

La versión de María Magdalena está repleta de dificultades. La tumba está vacía. Pero, ¿dónde están los guardias que cuidaban el sepulcro? Ellos tenían precisamente la misión de evitar que los discípulos se robaran el cuerpo de Jesús, pero estos están todos encerrados en el Cenáculo por miedo a los judíos. ¿Quién puede haber sido?

Detrás del lenguaje negativo, se muestra una gran positividad. El sepulcro está vacío porque ya Jesús no está ahí. Muerto y sepultado, sus enemigos querían poner capítulo final a su caso. No es solamente a Él a quien mataron los sumos sacerdotes y el Sanedrín; también a su proyecto desestabilizador, al mensaje que descalifica todo poder religioso alejado de lo más central de la religión del Padre, la primacía de la misericordia.

Ahora tienen que lidiar con sus seguidores. Los discípulos, quienes habían estado muertos de miedo y encerrados en otro sepulcro de su propia fabricación, salen animados de una fuerza que no puede venir de ellos mismos. Se convierten en testigos de la Resurrección. Esta conversión es un milagro casi tan grande como el del Resucitado (dije “casi”, para no caer en herejía). Se atreven a pararse frente a los asesinos de Jesús y acusarlos en su propia cara.

Ellos también han salido de su sepulcro. Pero ahora sí sabemos quién los ha sacado. Hay una cadena de testimonios que se van apoyando unos en otros. Los testigos van recibiendo señales que apuntan a la gran verdad de la Resurrección. Unos reciben más señales; otros menos. Sería un gran ejercicio de fe el recorrer despacio todo el capítulo 20 del evangelio de San Juan. En la eucaristía solamente escuchamos los versículos del 1 al 9. Lean atentamente todos los demás encuentros: María Magdalena, los Once (sin y con Tomás).

Al no estar en el sepulcro, Jesús se nos convierte en alguien molesto. No está aprisionado en ningún lugar. Puede salirnos al encuentro en cada encrucijada, en cada situación. Así también nosotros nos convertiremos en testigos.

HEMOS VISTO AL SEÑOR
(Hch 10,34.37-43)

Es la fe divino enlace
con Cristo resucitado,
un pregón anunciado
cuando la tierra renace.
Al Espíritu complace
predicar lo sucedido:
El Nazareno es ungido
y pasa sembrando el bien,
cura y libera también
a quien camina oprimido.

Fue colgado del madero
para darnos nueva vida
y, al llegar Pascua florida,
se inmoló el puro Cordero.
Pero el Hombre verdadero
se levantó con la aurora.
Llaga en mano redentora,
al mundo entero bendice,
mientras San Pedro nos dice:
“Resucitó en buena hora”.

         Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 1 de marzo: I de Cuaresma

 

Mt 4,1-11

“...Adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás”.

Lunes:  Lv 19,1-2.11-18 / Sal 19 (18) / Mt 25,31-46

“Todas las naciones serán llevadas a su presencia...”.

Martes:  Is 55,10-11 / Sal 34 (33) / Mt 6,7-15

“...su Padre ya sabe lo que necesitan”.

Miércoles:  Jon 3,1-10 / Sal 51 (50) / Lc 11,29-32

“...será una señal para esta generación”.

Jueves:  Est 14,1.3-5.12-14 / Sal 138 (137) / Mt 7,7-12

“Pidan y se les dará...”.

Viernes:  Ez 18,21-28 / Sal 130 (129) / Mt 5,20-26

“...no saldrás de allí hasta que hayas pagado...”.

Sábado: Dt 26,16-19 / Sal 119 (118) / Mt 5,43-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

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