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La Ley de Dios era el principal código de conducta para el pueblo de Israel. Cuando la identidad nacional y la religiosa de un país son inseparables, la vida pública se unifica y se simplifica. Bueno, eso fue verdad por un tiempo. Mientras la Ley de Dios estaba contenida en las tablas de piedra con los famosos diez mandamientos, el código legal de Israel era dominable por todos.

 

A medida que la convivencia se fue haciendo más compleja con la transición del desierto a la ciudad, ya no fue tan sencilla la comprensión legal. Se fue haciendo más y más imprescindible el aporte de los especialistas, los rabinos y los maestros de la Ley. Muy pronto la multiplicación de normas y de interpretaciones de las normas hizo imposible para el israelita común el conocimiento y, por rebote, el cumplimiento de la Ley. El adjetivo “pecadores” se le da a las personas que no cumplen la Ley, muchas veces por desconocimiento.

 

Es en ese contexto de creciente complejidad que hay que situar la pregunta que se le hace a Jesús por parte de los fariseos, el grupo religioso más conocido como observante de la Ley. Mateo hace notar que la pregunta que se le hace a Jesús, la que encabeza este trabajo, era “para ponerlo a prueba”.

 

Aquí sí responde Jesús directamente y sin ninguna ambigüedad. El primero y principal mandamiento es el amor absoluto a Dios por encima de toda otra lealtad. Jesús amplía su respuesta con el segundo mandamiento, semejante al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

 

Ya habían sido formulados estos dos mandamientos en el Antiguo Testamento. Lo novedoso de Jesús es el unirlos prácticamente en uno solo. No es posible amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser si dejamos fuera de ese amor a sus hijos e hijas.

 

Cuando el fariseo desprecia al ignorante de la Ley como pecador, viola el primero y principal mandamiento y el segundo semejante a él. Ese el centro de la respuesta de Jesús que va mucho más allá de la importancia teórica de un mandamiento sobre otros. En estos dos mandamientos se juega la calidad de la respuesta religiosa del pueblo. Aquí se sostienen la Ley y los profetas.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Jn 6,41-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Lunes:  Ez 1,2-5.24 al 2,1a / Sal 148 / Mt 17,21-26

“...’Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 / Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...no quiere que se pierda ni tan solo uno...”

Miércoles:  Solemnidad de la Asunción de la Virgen María Ap 11,19a; 12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-26 / Lc 1,39-56

“iDichosa tú por haber creído...”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21-29

“...’No te digo siete, sino setenta veces siete”.

Viernes:  Ez 16,1-15.60.63 / Interl. Is 12 / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado:  Ez 18,1-10.13b.30-32 / Sal 51 (50) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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