EL-QUE-SE-AMA-A-Si-MISMO-SE

Podrían escribirse volúmenes llenos de los disparates que se producen cuando citamos cualquier texto fuera de su contexto. Malo es que se digan disparates. Mucho peor cuando lo citado fuera de contexto se absolutiza. ¡Cuántos crímenes y cuántos abusos cometidos que han sido justificados por una selección no siempre bien intencionada de textos de la Biblia!

La frase que encabeza este espacio ejemplifica poderosa y peligrosamente las anteriores afirmaciones. Sin ninguna otra cualificación, Jesús parecería afirmar lo contrario de lo que Él mismo propone
como criterio del amor al prójimo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El contexto del que no es sano prescindir para comprender esta chocante afirmación de Jesús tiene dos vertientes. Hay un primer contexto que es la situación histórica que está viviendo Jesús en el momento en que se recoge esta palabra suya. Además, está el contexto de las afirmaciones y las imágenes que rodean esta frase del amor a sí mismo.

Nos acercamos al primer contexto. Jesús vive un momento de intenso dramatismo. Es buscado por grupos muy distintos de personas con muy distintas motivaciones. Lo busca la gente, especialmente los enfermos, los pobres, los marginados, Los motiva el deseo de sanarse y de vivir a plenitud. Lo buscan los sedientos de verdad y de sentido. Los motiva la necesidad de encontrar luz y consuelo en medio de situaciones cerradas. Lo buscan incluso extranjeros, personas que no pertenecen al pueblo de Israel (los gentiles). Los motiva todo lo que se dice de Jesús como profeta, como sanador, como portador de esperanza. También lo buscan sus enemigos, religiosos y autoridades civiles. Lo de
Jesús ya es demasiado. Los motiva el deseo de descansar por fin de una amenaza y una irritación permanente.

La frase de amarse a sí mismo y perderse adquiere una claridad incómoda en este primer contexto. Es tentador para Jesús esconderse y guardarse. Pura supervivencia.
El segundo contexto: la frase está rodeada de las imágenes del grano de trigo que
necesita caer en tierra, podrirse y morir para poder dar fruto. Está acompañada de la invitación de Jesús a seguirlo en este camino de conflicto y persecución. Amarse a sí mismo, en este contexto, es abandonar la fidelidad al proyecto del Padre en favor de la propia conservación, Perderse a sí mismo, y de esa manera asegurar la vida eterna, es la apuesta por la permanente fidelidad de Dios a Jesús y a sus seguidores. La glorificación de Jesús y de los suyos pasa por la muerte necesaria y fecunda del grano de trigo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 8 de diciembre: II de Adviento

 

Mt 3,1-12

“...después de mí viene uno con más poder que yo...”.

Lunes: Inmaculada Concepción de la Stma. Virgen María 
Gn 3,9-15.20 / Sal 98 (97) / Ef 1,3-6.11-12 / Lc 1,26-38

“...Alégrate, llena de gracia...”.

Martes:  Is 40,1-11 / Sal 96 (95) / Mt 18,12-14

“...no quieren que se pierda ni tan solo uno...”.

Miércoles:  Is 40,25-31 / Sal 103 (102) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Jueves: Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América 
Eclo o Sir 24,23-31 / Sal 67 (66) / Lc 1,39-45

“...¡Bendita tú eres entre las mujeres...!”.

Viernes:  Is 48,17-19 / Sal 1 / Mt 11,16-19

“...la sabiduría de Dios no se equivoca...”.

Sábado:  Eclo o Sir 48,1-4.9-11 / Sal 80 (79) / Mt 17,10-13

“...harán sufrir al Hijo del Hombre”.

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.