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La transfiguración de Jesús es un misterio "bisagra" porque ocurre en el presente pero mira hacia el pasado y hacia el futuro. También porque enlaza dos momentos muy diferentes en la vida de Jesús. En el primer momento, los primeros ocho capítulos del evangelio de Marcos, Jesús despliega una intensa actividad apostólica de predicación, enseñanza, curaciones y exorcismos.

Esta actividad es acogida mayoritariamente por la gente con agrado y admiración. Mayoritariamente, pero no universalmente. Hay también indicios del resentimiento y el rechazo de las autoridades, sobre todo religiosas, al ministerio de Jesús.


En el segundo momento, a partir de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo y el primer anuncio de su pasión y muerte, se acentúa el conflicto y el drama va creciendo hasta llegar al trágico desenlace del Calvario.


El episodio de la transfiguración se ubica entre esos dos momentos. Hay una referencia al pasado inmediato del ministerio de Jesús y una referencia más simbólica al pasado del pueblo de Israel al presentarnos las figuras de Moisés y de Elías. El "escúchenlo" de la voz que sale de la nube apunta al futuro. Primero al futuro inmediato: escuchen la profecía que hace Jesús de su inminente pasión. Pero también al futuro cercano de la muerte y la resurrección.


La tentación de este misterio es el deseo de Pedro de quedarse con sus dos compañeros en la "bisagra". "¡Qué bueno es estar aquí! Hagamos tres chozas...". Deslumbrados por la gloria que se manifiesta en Jesús con sus vestidos resplandecientes y la nube gloriosa que lo cubre, los discípulos no están muy receptivos a profecías de muerte y pasión.


No es tampoco muy consolador oir hablar de resurrección, sobre todo porque hay que resucitar "de entre los muertos". El prospecto de la muerte de Jesús no cabe en la visión gloriosa de la transfiguración ni en el rescoldo triunfante del éxito inicial del ministerio
de Jesús.


La transfiguración fue un misterio necesario. Se le mostró a los tres testigos privilegiados de los grandes momentos de Jesús. Había que prepararlos al horror del "desfigurado" Siervo de Isaías. Con reverencia nos acercamos también nosotros acogiendo la invitación del Padre: "escuchen a mi Hijo, el predilecto".

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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