bodasCanaWebEl ser humano es animal de hábitos. Las rutinas, personales y colectivas, ocupan nuestras jornadas y nos brindan la tranquilidad del "deber cumplido". Pero por sí solas, sin un por qué, no expresan el sentido de la vida ni nos aportan felicidad. Las instituciones públicas y privadas -aun las religiosas-, producen costumbres y comportamientos que facilitan la vida, pero las repeticiones terminan aburriéndonos.
Jesús presente en una boda. Así presenta Juan el primero de los "signos" del Señor. No los ve como "milagros", sino signos, hechos cargados de significado, portadores de la alegría de la salvación.
Caná, una boda a punto de fracasar por falta de vino, es el símbolo de la parálisis espiritual que domina a la religión judía. Grandes tinajas destinadas a que los creyentes se purifiquen, están vacías, secas, incapaces de ofrecer salvación. Como un entramado de ritos, rezos y preceptos que se fuera consumiendo, como fuente en vías de secarse. Falta la gracia de Dios, su presencia, su compasión. El banquete llamado a festejar el regalo de la vida está paralizado por el rigor de la ley, por una exigencia de cumplimiento desprovista de compasión y de motivos para la alegría.
María, la madre de Jesús, capta la crisis y la señala a su Hijo. Jesús parece excusarse: aún falta para la "hora" de su manifestación, su entrega en la cruz. ¿Habría que adelantar las cosas?
María, la atenta, señala también el camino que disipará la crisis y devolverá la alegría al banquete: "Hagan como Él les diga". Luego, se retira a un silencio lleno de esperanza. El problema está en manos de su Hijo.
A una palabra de Jesús, las tinajas inservibles son llenadas. El signo se produce: con el agua transformada en vino, se pasa de la ansiedad al sosiego, de la frustración a la sorpresa, de la impotencia al brindis. Jesús hace presentes el vino y el gozo de la nueva alianza. Hay futuro porque ya está en escena el Mesías. Sus discípulos lo percibirán en cada signo que Jesús realiza.
¿Cómo me va en esta fiesta de la vida a la que Dios me ha invitado? ¿Desborda mi fe con la alegría de la presencia de Jesús o se halla ocupada con prácticas vacías? ¿Soy un pequeño signo del Reino para los demás? ¿Comunico esperanza o más bien hastío y sinsentido?

 
LA BODA EN CANÁ

A una boda en Caná llegó María
como Mujer y Madre servidora,
cual Discípula fiel e intercesora,
para dar a los novios la alegría.

El Ungido y Esposo que nos guía
bendijo con su mano bienhechora
el agua y el amor, aunque su Hora
postrera no llegaba todavía.

Así Jesús mostró su inmensa gloria
al transformar el agua clara en vino
como auténtico símbolo de fiesta.

Con el primer milagro se hizo historia
el misterio de Amor -siempre divino-,
que la unión esponsal nos manifiesta.

                   Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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