adviento3WebEsta pregunta se la han hecho cuantos han buscado a Dios en algún momento de su vida con sinceridad de corazón. El espíritu de conversión, propio del Adviento, desemboca en la pregunta por lo que debo hacer si de veras quiero volver a Dios y cambiar de vida.

Para esta pregunta ha habido infinidad de respuestas: desde rezar, hacer actos piadosos y peregrinar hasta llegar a penitencias sangrantes y ayunos prolongados. Otras respuestas van más por lo externo: qué me pondré, qué rito cumpliré, qué ofrenda presentaré...

Juan Bautista, en el evangelio de hoy, indica que a Dios no se le responde con cosas raras, como si le agradara lo estrambótico. Tampoco es asunto de afiebrarse ante la venida inminente del Señor, agitándose ante un mundo en vías de desplome.

A cada uno, Juan muestra que a Dios se le responde en el día a día, con una vida de hermandad. Mi respuesta al Dios que viene está en mi relación con mis hermanos y hermanas y con lo que hago: mi trabajo, mi alimento, mi descanso. Convertirse es compartir, no abusar de mis prerrogativas, de mi cargo, de mi autoridad. El que se convierte, no extorsiona, ni se aprovecha. Con cada cosa que hace crea hermandad. Vive solidariamente, sin preocuparse por hacer actos que no forman parte de su vida. Vive lo de cada día, pero de otra manera, fraternalmente.

Juan vive esa espera del Salvador con una humildad fundamental. Le brindan la oportunidad de hacerse el Mesías, pero él no lo hará. Tiene un respeto demasiado grande por aquél que anuncia y se alegra al disminuir ante Él. La humildad deja actuar a Dios, el único que puede establecer el valor del fruto que ha producido cada uno.

La imagen del agricultor que lanza la cosecha al viento, para que se lleve la paja mientras el grano cae a tierra y se reúne para alimentar a los hijos de Dios, sugiere que el que viene con Espíritu Santo y fuego es el único capaz de separar en cada uno lo bueno y provechoso de lo vano e inútil. Cuánto fruto he dado, cuánto he ofrecido a Dios a través de mis hermanos, cuánto he servido para preparar el mundo nuevo que Juan anuncia, eso solo Dios lo sabe. Esperarlo trabajando, compartiendo, con alegría y confianza es lo propio del Adviento.

 

BUENAS NOTICIAS

Predicaba el Bautista en el Jordán
la inmediata venida del Mesías
anunciado con gozo en profecías,
por el pueblo, esperado con afán.

Decía el Precursor este refrán:
'Yo bautizo con aguas bien sombrías,
pero viene la Luz con energías
de fuego que al pecado abrasarán'.

¿Qué debemos hacer?, le preguntaba
la gente pecadora, arrepentida,
buscando de verdad su conversión.

Entonces, Juan hablaba al corazón:
'Comparten el vestido y la comida,
que el Amor del Señor nunca se acaba'.

                       Hno. Jesús Bayo, fms

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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