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En los primeros capítulos del evangelio de San Marcos, aparece en varias ocasiones la orden expresa de Jesús a personas curadas de no divulgar el hecho. Ese es el caso del evangelio de hoy, la curación del leproso.
Los estudiosos de la Biblia se refieren a este silencio impuesto por Jesús como "el secreto mesiánico". Si la noticia de las curaciones milagrosas realizadas por Jesús se propaga por Israel, la gente empezará a preguntarse si no será Jesús el Mesías tan largamente esperado.
De hecho, esa pregunta atraviesa los primeros ocho capítulos del evangelio de Marcos. ¿Quién es este hombre que hace estas señales? Esa pregunta es respondida por Pedro en la confesión de Cesarea de Filipo. Jesús es el Mesías. Marcos dedicará los últimos ocho capítulos de su evangelio a mostrar que Jesús no es Mesías como lo esperaba el pueblo de Israel. Él es el Siervo Sufriente, no el Mesías triunfante y glorioso.
Esto explica el deseo de Jesús de que no se hable de sus curaciones. No le preocupa a Jesús que se sepa que Él ha violado la ley tocando al leproso y haciéndose por eso ritualmente impuro.
La preocupación de Jesús está centrada en la persona concreta que tiene delante. El leproso es el ejemplo más dramático de marginación. Marginado físicamente por su enfermedad, que es contagiosa. Marginado más drásticamente aún por la dimensión religiosa. El leproso es impuro y el contacto con él hace impura a la gente que se le acerque. La lepra debe ser algún castigo de Dios por pecados cometidos.
Jesús le da dos órdenes al leproso curado: no le cuentes esto a nadie y ve a presentarte a los sacerdotes para que certifiquen tu curación y puedas reintegrarte a la comunidad.
Más que la misma salud del cuerpo, necesita el leproso la convivencia humana de la que ha estado privado por tanto tiempo. El acercamiento salvador de Jesús es integral. Está dirigido a la totalidad de la persona. Es esa preocupación por la persona toda, que incluye su compleja red de relaciones, lo que ocupa el centro del ministerio de Jesús.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 8 de diciembre: II de Adviento

 

Mt 3,1-12

“...después de mí viene uno con más poder que yo...”.

Lunes: Inmaculada Concepción de la Stma. Virgen María 
Gn 3,9-15.20 / Sal 98 (97) / Ef 1,3-6.11-12 / Lc 1,26-38

“...Alégrate, llena de gracia...”.

Martes:  Is 40,1-11 / Sal 96 (95) / Mt 18,12-14

“...no quieren que se pierda ni tan solo uno...”.

Miércoles:  Is 40,25-31 / Sal 103 (102) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga liviana”.

Jueves: Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América 
Eclo o Sir 24,23-31 / Sal 67 (66) / Lc 1,39-45

“...¡Bendita tú eres entre las mujeres...!”.

Viernes:  Is 48,17-19 / Sal 1 / Mt 11,16-19

“...la sabiduría de Dios no se equivoca...”.

Sábado:  Eclo o Sir 48,1-4.9-11 / Sal 80 (79) / Mt 17,10-13

“...harán sufrir al Hijo del Hombre”.

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