PrimeraAdvientoWebDicen que los extremos se tocan. Así también con un nuevo año litúrgico. Dos semanas atrás se nos hablaba del fin del mundo. En este primer domingo de Adviento –inicio de un nuevo año de celebraciones- volvemos a escuchar el tema del final de los tiempos, que en unos provoca indiferencia, en otros, sobrecogimiento.

Al llegar el año 2000, hubo quien prefiriera abandonar esta vida antes que enfrentarse al supuesto fin del mundo. En cambio, la Iglesia invitó a festejar la llegada del tercer milenio. El paso del tiempo, por sí mismo, no nos aleja del Señor. Y así fue. La vida continuó.

En medio de un mundo con la proa puesta a su término, quien cree capta la presencia del Señor que viene. Esta realidad que conocemos se agotará, pero desde la esperanza conectamos con Aquél cuyas palabras no pasarán. Levantar la cabeza ante el que viene, mantenerse en pie en su presencia expresan nuestra confianza. Hay uno que es la clave de la historia, que puede abrir el libro de la vida (Apoc. 5, 9). La esperanza capta su advenimiento casi imperceptible.

El Adviento que hoy iniciamos nos preparará durante cuatro semanas a celebrar la Navidad.

Con fe conmemoraremos el nacimiento de Jesús, ocurrido hace veinte siglos. Pero con esperanza miramos hacia ese día radicalmente nuevo en que el Hijo del hombre volverá sobre las nubes con poder y majestad. El día en que resucitaremos a una vida definitiva.

Si la Cuaresma es un "ejercicio penitencial", de identificación con Cristo que camina a la cruz por nosotros, el Adviento es un ejercicio de esperanza en el Señor que viene, de vigilancia. Una vigilia gozosa, activa, seguros de que no nos quedaremos esperando. La resurrección de Cristo se abrirá paso a través de toda la gente buena y colmará de alegría este valle de lágrimas.

Mientras tanto, vigilamos. Atentos, con el corazón puesto en el presente, en los hermanos a nuestro lado. No dejaremos que la dureza de la realidad ni el placer nos emboten la mente, ni que el cinismo anide en nosotros. No permitiremos que las ideologías y los discursos vacíos nos achiquen el horizonte. No seremos indiferentes ante el dolor de la humanidad ni dejaremos que nos venza la tristeza. Esperamos al que era, al que es, al que vendrá (Apoc. 1, 8).

 

VENDRÁ EL SEÑOR

Habrá días nefastos con señales
de término y derrumbe estrepitoso:
borracheras, abuso tenebroso,
orgías y placeres a raudales...

Quedarán sin aliento los mortales,
el sol con el ocaso borrascoso,
la luna y las estrellas en un foso,
los mares y la tierra en sus finales...

El miedo y la ansiedad ante la espera:
vendrá el Hijo del Hombre para el Juicio
con toda majestad, poder y gloria.

¡Si percibes que llega a tu ribera
la sombra de la Nube, será indicio
de que viene el Señor con su Victoria!

                        Hno. Jesús Bayo,fms
 

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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