Lucas-9-11b-17De muchas maneras nos ha hablado Dios a lo largo de los siglos. Cuando el tiempo de Dios se cumplió, vino a este mundo el Hijo encarnado. Él era la Palabra que vino a anunciarnos el amor de Dios, que supera todo lo imaginable. Muchas palabras se habían dicho sobre Él. Ahora, Dios mismo se encarnó, haciéndose una Palabra nuestra y definitiva. El ángel de la anunciación dijo a María que su nombre era Jesús, que significa “salvador”.

Primero se fue formando el cuerpo de Jesús en el vientre virginal de María, en medio del asombro y el compromiso suyo y de su esposo José. Después fue creciendo y fortaleciéndose en la ternura y los abrazos del hogar, y con los trabajos cotidianos de una familia pobre, en el campo, en su pequeño taller manejando la madera y recorriendo los caminos a pie. Hasta que llegó el momento en que, después de recibir en su cuerpo el bautismo de Juan, Jesús empezó a anunciar que el Reino de Dios estaba en medio de nosotros. Su palabra era el alimento que el pueblo estaba esperando. Y la sembró hasta que llegó el momento en que sintió que el verdadero alimento era Él mismo, que tenía que ser sembrado en la tierra para dar fruto. Resucitó desde el surco del sepulcro como el alimento de todos. El cuerpo se convirtió en el pan universal. En la última cena con sus discípulos, les dio el pan y les dijo: “Tomen, coman; esto es mi cuerpo” (Mt 26,26).

“Hagan esto es memoria mía” (Lc 22,19). Siguiendo estas palabras de Jesús, las primeras comunidades empezaron a celebrar la cena del Señor, compartiendo la palabra y el pan. Desde la comunidad se llevaba el pan a los enfermos y, de manera clandestina, a los presos en tiempo de persecuciones. ¿Quién se hubiera atrevido a repetir el gesto de Jesús si Él mismo no lo hubiera dispuesto?

Cada vez que nos reunimos para compartir el pan, anunciamos la muerte de Jesús, hasta que el Reino llegue a su cumplimiento (Lc 22,16). Compartimos y adoramos el cuerpo del Señor, que muere y resucita por nosotros. Celebramos este amor sabio de Dios, que anuncia en el pan consagrado, elaborado con el humus de los surcos, la reconciliación definitiva de la humanidad, de la tierra y de todo el universo.


Santa Tradición
(1Co 11, 23-26)
Tenemos los cristianos
venerable recuerdo y tradición
de celebrar arcanos
misterios de pasión
con un santo banquete en comunión.
Esta Cena es el centro
de la fe que la Iglesia ha recibido,
porque lleva al encuentro
del amor más querido
que, al dar su sangre, vida ha transmitido.

Aquí hacemos memoria
del Cordero que fue sacrificado,
y cambió nuestra historia
al abrir su costado
y darse entero como pan sagrado.
Cada vez que comemos
este pan y tomamos este vino,
en sus manos ponemos
la vida y el destino
para entregar amor por el camino.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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